sábado, 20 de junio de 2015

Memoria de una guerra de Luis Arce Borja



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Luis Arce Borja, vocero de Sendero Luminoso en los años de la guerra interna, y director de El Diario, ha publicado en 2009  Memoria de una Guerra. Perú 1980-2000.Dicho texto es una reflexión que tiene mucho de personal y de unilateral sobre los acontecimientos del proceso peruano que conllevó al Perú a su etapa más tenebrosa. Aunque debo considerar que la obra en sí tiene cierto valor histórico para comprender la visión de una de las partes del conflicto. Llámenle la versión de los “vencidos” si quieren, pese que reducir los hechos históricos en vencedores y vencidos siempre nos ha parecido una aberración mistificadora, un artificio de mala literatura de quienes prefieren no ver la realidad.

Ahora bien ,  Memoria de una Guerra  nos narra todos los acontecimientos acaecidos en el conflicto interno sobre aspectos poco conocidos y que no han sido considerados por ciertos historiadores contemporáneos que prefieren los hechos de la superficie para suscribirse al prejuicio internacional de estigmatizar de terroristas a un sector de la sociedad según el esquema preconcebido de Yanquilandia.(Uno de ellos -por mencionar , porque existen varios de la misma especie en el mercado de libros - es Historia del Perú Contemporáneo. Desde las luchas por la independencia hasta el presente (1ra Ed. 1999.Instituto de Estudios Peruanos) de Carlos Contreras y Marcos Cueto. El texto es analítico, sucinto y bien podría ser un manual para tener una panorama de la historia del Perú pero no es un estudio sistemático de la historia del Perú de ahí que está lleno de lagunas. Y una de ellas la encontraremos en el periodo 1980-2000.De modo que , pretender que sea LA historia del Perú es algo que no convence a sabiendas que encontraremos siempre versiones contrapuestas y partes en conflicto. Y la tarea de los historiadores debería ser también comprender a las partes y a los que hacen la historia).    
    
Y bien,  Memoria de una Guerra  nos acerca a la versión negada de la historia del Perú del periodo que ya mencionamos pero es también una autocrítica al senderismo y el pensamiento Gonzalo. Especialmente puedo dar cuenta que el capítulo octavo de la obra Crítica al Pensamiento Gonzalo   Págs. 345-396 es una de las criticas contundentes para deslindar de Guzmán y su desviación derechista que llevó al PCP a la violencia descontrolada como doctrina,la incomprensión del maoísmo ,la improvisación pragmática ,la tergiversación del marxismo,el endiosamiento y sujeción al líder,la verdad absoluta como verdad universal incuestionable, el personalismo ,el culto al jefe,el dogmatismo,el autoritarismo,el patriarcalismo,la falta de crítica y autocrítica al interior del dirigencia ,la anulación del centralismo democrático ,el verticalismo ,etc. En dicho capitulo   Guzmán es equiparado a Lin Piao , quien representó la infiltración derechista al interior del partido comunista chino que conllevó a la tergiversación de las directivas de Mao,al burocratismo y afianzamiento del principio de autoridad ,y más preciso ,de la autoridad de Mao por sobre todas las cosas.

Pero las intenciones de Borja que si bien pueden ser buenas hasta cierto respecto porque pocos se han atrevido a realizar una reflexión del proceso peruano de 1980-2000 con una perspectiva crítica y así comprender los intrincados hechos históricos y de los actores sociales,tiene un aspecto que el autor no menciona.Deciamos que la obra tiene de personal y unilateral porque es la versión de una de las partes del conflicto ,y esto los podemos afirmar porque Arce Borja fue vocero de Sendero Luminoso pues dirigía y dirige El Diario,que en su momento apoyó a sendero y  que ahora tiene una versión en internet bajo el nombre de El diario internacional donde realiza una labor comprometida con las causas del pueblo de crítica social ,y haciendo a su vez, una consciente amnesia de lo que él apoyó y formó parte. Borja si bien deslinda de Guzmán y sus aberraciones ideológicas, no deslinda del maoísmo y ahí está el error de este vocero especialista en entrevistas del siglo. Por nuestra parte solo decimos que la crítica de Guzmán solo será una crítica más contundente si es además una crítica a Mao, y la versión marxista del mismo. Sin este procesamiento crítico y necesario de ideologías del siglo XX, no será posible en el futuro superar y corregir ciertas prácticas políticas que, en definitiva han conllevado a aberraciones como lo muestra nuestra historia. La crítica de Borja al pensamiento Gonzalo es solo en torno a la exterioridad del pensamiento de Mao en contraste con la historia y los clásicos del marxismo. El autor solo se limita en muchos párrafos a realizar una analogía entre lo que hizo Guzmán y lo que Mao postulaba llegando a puntos en los cuales hace un deslinde absoluto del primero sin cuestionar al segundo, razón por la cual Mao quedaría como perfecto e incuestionable, divinizado. Ante esto Borja pretende que haciendo un deslinde de Guzmán, es posible continuar con el maoísmo “inmarcesible”, vigencia forzada muy al estilo de Eduardo Ibarra.Este último escribió en 2013, Mao y Mariátegui  , un breve estudio comparativo que deja mucho que desear porque equipara a los dos autores y pensadores políticos con un claro sesgo senderista lleno de falacias y arbitrariedades. Y no son gratuita estas afirmaciones pues en la página 92 encontramos la arenga muy del estilo y gusto senderista TOMAR LA VERDAD UNIVERSAL COMO GUÍA, EL PENSAMIENTO DE MARIATEGUI COMO BASE Y LA SITUACION ACTUAL COMO CENTRO. Sustituyan donde dice Mariátegui y coloquen Gonzalo y pongan maoísmo donde dice la situación actual y veremos que es sendero. Y a estas alturas sería trillado citar las obras de David Sobrevilla donde está bien claro las características peculiares del marxismo de Mariátegui, sobre todo porque existen marcadas diferencias que tienen que ver con la formación cultural e ideologica y porque la realidad peruana siempre será muy diferente a la realidad china. 

Por otra parte,tal vez quién ha hecho la crítica en torno a la interioridad del pensamiento de Mao es Slavoj Zizek.Este autor tiene muchas sutilezas al momento de abordar un autor.Las contribuciones de Zizek a la filosofía y al marxismo no se pueden todavía evaluar porque se incrementa cada día en productividad y en profundidad .Sin embargo para el tema que estamos abordando es preciso señalar que Zizek está haciendo una reevaluación del marxismo para lo cual es necesario una crítica sostenible y ostensible si es que se pretende que el marxismo tenga una opción en el futuro.Para ello solo mencionare que Repetir Lenin , Robespierre.Virtud y terror,  Trotsky. Terrorismo y comunismo,  Mao sobre la práctica y la contradicción son textos obligatorios para los que buscan repensar creativamente el marxismo.Sobre todo porque encontraremos estudios críticos y reevaluativos de Zizek al marxismo .El último de los textos que señalamos es conocido también bajo el nombre Mao Tse Tung, el señor marxista del desgobierno.En este  libro encontramos una crítica filosófica al pensamiento de Mao. Acaso por la satisfactoria critica al maoísmo ,este libro nos ha dejado la sensación que el autor es un conocedor de la filosofía alemana , especialmente de Schelling,Hegel ,Marx,Marcuse y una diversidad de autores clásicos.En otra oportunidad lo abordaremos extensivamente solo señalaremos que una de las críticas a Mao tiene que ver con su afán de reducir los tres principios filosóficos categoriales del marxismo a uno. Dicho afán tiene consecuencias teóricas catastróficas que se manifestarían en la realidad y en la praxis política llevada a cabo por Mao.Como se sabe las tres categorías principales de la dialéctica marxista son: 1.-Unidad de los opuestos; 2.-La transformación de la cualidad en cantidad y viceversa y; 3.- Y la negación de la negación. Mao en polémica con Engels, solo reconoció el primero o redujo las tres categorías a la unidad de los contrarios, rechazando la negación de la negación  como una de las leyes de la dialéctica universal. Al hacer esto no comprendió bien en qué consiste la  síntesis dialéctica. Tan es así que el autor – me refiero a Zizek - se permite afirmar que el capitalismo de estado chino al no  llevar a término la revolución cultural (en su aspecto positivo) sobrevino la restauración capitalista y la toma del gobierno por la burocracia .Es decir no hubo negación de la negación del capitalismo de estado chino para arribar al socialismo. De modo, que el orden actual chino es una derivación teórica del pensamiento de Mao. El capitalismo chino ha mantenido al partido “comunista” en el poder porque es el orden perfecto establecido por Mao , un orden sin negación de la negación , muy acorde con el pensamiento maoísta .En  suma, lo que Mao habría hecho no es más que la versión oriental del marxismo , una especie de marxismo confuciano ,a la asiática,con una visión cósmica y no filosófica de la realidad ,un marxismo que fue gobernado en su momento por el mandarín rojo bastante tirano como para hacer morir de hambre a millones de personas a finales de la década de 1950.Actidud que resulta aterrador ,pero paradójicamente según Zizek ,este terror no es nada menos que la condición de la libertad.          






 MEMORIA DE UN GUERRA.PERÚ 1980-2000


CAPITULO Octavo

CRÍTICA AL “PENSAMIENTO GONZALO”

El “pensamiento Gonzalo” es la parte más controvertida del proceso armado que se desarrolló en Perú desde 1980 hasta cerca del año 2000. Este “pensamiento” conceptualizado al interior del Partido Comunista del Perú (PCP) como “la “gran luz de nuestra ideología” o aplicación de la “verdad universal” a la situación concreta del Perú poco a poco alcanzó un rango doctrinal y fue caracterizado por su propio autor como “ideología específica” o “arma principal” en el proceso armado dirigido por el Partido Comunista del Perú (PCP). (1). Abimael Guzmán, para no quedarse rezagado de su “pensamiento”, se ha presentado como el legítimo “continuador” de Marx, Lenin y Mao Tsetung. El más grande marxista-leninista-maoísta vivo en la tierra, dijeron de él sus partidarios. En 1988 este “pensamiento”, se incluyó en el programa partidario, y ello sirvió para que este partido se convirtiera en una organización constreñida a la dirección de un jefe absoluto y venerado a quien los militantes estaban obligados a expresar fidelidad y “sujeción plena e incondicional”. Este problema, eminentemente ideológico, que durante el proceso armado adoptó lacategoría de “aplicación magistral del marxismo” constituyó sin duda alguna la principal desviación ideológica política en el PCP, y fue el factor fundamental para la derrota de la lucha armada. El “pensamiento Gonzalo”, en términos del pensamiento revolucionario, no tiene antecedentes en la historia de la lucha social revolucionaria y menos en la trayectoria histórica del marxismo. En Perú cuando se habla del pensamiento de José Carlos Mariátegui esta referido a su conocimiento del marxismo,como concepción científica del mundo y a su aplicación en el caso concreto del Perú. Pero ello no supone que el conocimiento marxista de Mariátegui se independice con su propio valor doctrinal del conjunto de la teoría marxista. En toda la obra teórica de este eminente comunista peruano no hay la más mínima referencia a un determinismo rígido para identificar un supuesto “marxismo-leninismo, pensamiento Mariátegui”. No existe tampoco una sola anotación donde se promocione sus ideas políticas (pensamiento) a síntesis magistral del marxismo “aplicado a la situación peruana” que bien pudo serlo, pero que él personalmente nunca lo presentó así. Mariátegui, junto con decir que las “revoluciones no eran ni calco ni copia” (oposición al dogmatismo y al mecanicismo vulgar) nunca conceptualizó su conocimiento teórico, como si se tratara del capitulo final de la ciencia marxista. Al contrario Mariátegui defendió la universalidad y el carácter dialéctico de esta ciencia. En razón de ello fue opuesto a encasillar dogmáticamente esta teoría a los parámetros sociales de un país. Junto a ello, Mariátegui señalo muchas veces, que la doctrina socialista era “adversa a toda formula de populismo demagógico y de caudillismo personalista” (2).

La materialización del pensamiento Gonzalo tiene lugar en un periodo que abarca un poco más de 20 años, y en su desarrollo, confluyen causas históricas-políticas propias de una izquierda incipiente y truncada en su relación con el proletariado y las aspiraciones reivindicativas de esta clase. En un primer momento se presentó como “pensamiento guía”, después se convirtió en “pensamiento guía del Presidente Gonzalo” y finalmente se transformó en “pensamiento Gonzalo” a secas. El transito conceptual de este pensamiento seria, hablando del Perú, de Mariátegui, a Mao y de ahí al pensamiento Gonzalo. En los inicios de la década del 60, los activistas de la reconstrucción del PCP, en cuya cabeza estaba Abimael Guzmán, solo reivindican el marxismo-leninismo. Aun no se habla ni de pensamiento Mao Tsetung, ni de maoísmo. La consigna es “retomar el camino de Mariátegui”. En 1965 se señalaba que la base ideológica del partido era el “marxismo leninismo y que nunca se debió abandonar la línea de Mariátegui”. (3). “Reivindicar a Mariátegui”, se dice (4). En 1968 Guzmán llama a defender la “vigencia del pensamiento de Mariátegui”, señalando que los comunistas peruanos tenían que seguir “el camino de Mariátegui” a quien se califica de “hombre luminoso no hay otro de esa talla…es una fuente de luz…o entronizamos el pensamiento de Mariátegui o el pueblo no avanza” (5). Después se trasforma en “marxismoleninismo- pensamiento Mao Tsetung” (se elimina de la lista a Mariátegui). De ahí se pasa a la etapa semifinal, cuando el pensamiento Mao Tsetung se convierte en maoísmo, y con ello el camino queda libre para agregar el “pensamiento Gonzalo. De esa manera como remate culminante el discurso queda estructurado bajo el concepto de “marxismo-leninismomaoísmo, pensamiento Gonzalo.Con el pensamiento Gonzalo, ocurre algo parecido a lo que según la critica de Engels, había ocurrido con la filosofía alemana que se presentaba como si habría descendido del cielo sobre la tierra completamente acabada. Como si se tratara de la síntesis finita de todo el conocimiento producido por la humanidad. El “pensamiento Gonzalo”, como paradigma de una deformación política en el Partido Comunista del Perú (PCP),germina en un terreno social y político propicio para el surgimiento de caudillos, jefes o ideólogos egocéntricos contrarios a una línea marxista en el movimiento por el socialismo. Algunas de sus causas se relacionan al tardío desarrollo económico del país en el que coexiste un incipiente capitalismo dependiente con una estructura agraria semifeudal. Se vincula también al deficiente desarrollo del marxismo en el seno de la clase obrera y a la perniciosa influencia de la pequeña burguesía intelectualizada en seno del proletariado. En los años 70 los activistas de los partidos “marxistas-leninistas”, que después se convertirían en Izquierda Unida (IU) un conglomerado electoral, que se introducen masivamente en sindicatos y organizaciones populares. Salvo el gran esfuerzo realizado en 1928 por José Carlos Mariátegui para fundar un verdadero partido revolucionario, no existe en Perú ningún antecedente que muestre que algún líder o grupo político de izquierda o de derecha haya realizado tentativas para estructurar una organización política exenta de caudillismo, burocratismo y otras lacras individualistas. El panorama político peruano es ilustrativo de esta situación calamitosa. Por el lado de la derecha, basta mencionar al Partido Aprista (Apra), organización vertical y prepotente, cuyos militantes dogmáticos y al borde del histerismo, rendían culto mesiánico a su fundador Víctor Raúl Haya de la Torre. Acción Popular (AP) desde su origenes una organización en la que sus dirigentes actúan no como líderes políticos, sino más bien como jefes de empresa. Mismo en la izquierda existe este problema. Un ejemplo de ello es cualquier organización política de la izquierda legal, cuyos orígenes están relacionados a la ambición electoral de sus dirigentes fundadores.

La personalidad en la historia
Y EN LA LUCHA SOCIAL

Hay dos criterios ideológicos para referirse a la personalidad en el curso de la historia social. Un criterio se refiere a ubicar a la personalidad como un genio, algo extraordinario, magistral y fuera de lo normal. Se le extrae prácticamente del terreno real y objetivo, para colocarlo como hacedor de la historia.Bajo este concepto, el individuo es excepcional y su rol en el proceso social es insustituible. Este planteamiento es subjetivo y contrario a la dialéctica y en el plano estratégico sirve a los grupos de poder. En este caso el “magistral jefe”, deviene un caudillo y se apodera de la organización y del proceso revolucionario.El otro punto de vista en torno a la personalidad, corresponde al materialismo histórico. Aquí la personalidad cumple un rol activo en el proceso histórico-político, pero no es el factor determinante. Lo fundamental, lo esencial es el desarrollo de las fuerzas productivas, las relaciones de producción, y la lucha de clases. En este sentido, decía, Plejanov, la personalidad puede influenciar el desarrollo del proceso social, pero “él verdaderamente, no puede hacer la historia” (6). La personalidad en la historia ha sido un problema que el materialismo histórico ha tratado con rigurosidad, y sus conclusiones constituyen una ruptura con tesis idealistas que sobredimensionan el papel del individuo en el proceso de la lucha social. Para la doctrina marxista, el destino de un proceso social no depende de la acción individual del jefe por muy genio y talentoso que sea éste. Lo fundamental es la acción política de las masas y del pueblo. El mismo Hegel (Filosofía de la Historia) a pesar de su determinismo religioso admite que la historia mundial es en sí el proceso de la “conciencia hacia la libertad” que tienen los pueblos, donde los grandes hombres son apenas instrumentos del desarrollo histórico. No es como decían los teóricos de la pequeña burguesía en los siglos XVII y XVIII, de que los grandes hechos históricos y los movimientos sociales dependían de los héroes y de los grandes jefes (7). La doctrina marxista toma en cuenta el rol de la personalidad en la lucha de clases y en la revolución social, pero antes de ello destaca el papel histórico-estratégico de las masas, sobre todo del proletariado, cuya lucha por el socialismo se relaciona a las condiciones materiales de la sociedad, principalmente a la producción de bienes materiales y a la lucha de clases. Ya en el Manifiesto Comunista publicado en 1848 se señala que las proposiciones teóricas de los comunistas hacia las masas no eran “ideas o principios forjados o descubiertos por un redentor”. Y que los comunistas defendían la causa obrera, no desde el punto de vista de la pequeña burguesía, sino de las nuevas condiciones históricas cuya base material había creado el socialismo científico. Si habría que construir una escala política, o un parámetro jerárquico de los actores del proceso social y de la lucha por el socialismo, el rol principal le corresponde a las masas oprimidas (las masas hacen la historia), y fundamentalmente al proletariado industrial. En esta particularidad de los procesos sociales actúan los jefes del proletariado pero no con un rol político absoluto y único en el proceso, sino más bien como parte del desarrollo de la lucha de clases. Si en esta jerarquía se ubica en primer lugar al jefe, antes de la clase obrera organizada en su propio partido político, se regresaría a épocas remotas de los héroes tipo Robin Hood, cuando por falta de conocimiento científico y por intereses de las clases de la época, se creía que las luchas sociales y el cambio de sociedad estaban impulsadas por los grandes hombres quienes habían nacido predestinados para este cometido histórico.

Cuando Engels afirmaba que los grandes hombres “surgen por necesidad y casualidad” históricas no se colocaba ni él ni Carlos Marx como ejemplos culminantes de este fenómeno social. Por el contrario, Marx fue opuesto a todo personalismo y culto a la personalidad en las organizaciones obreras en las que participó. Marx anotó, que mientras existió la Primera Internacional (1864-1876) no permitió que se diera a la publicidad los numerosos escritos reconociendo sus méritos. Diceque ello le perturbaba y que “ni siquiera los contestaba y solo alguna que otra vez daba cuenta de ellos”. Engels y yo ingresamos en la Liga secreta de los comunistas bajo la condición de que se suprimiera en sus estatutos todo lo que contribuyera a fomentar la supersticiosa devoción a la autoridad, decía Marx (8.). Por su parte, Engels relaciona el rol de los grandes hombres a las leyes objetivas del proceso social (necesidad y casualidad) y a los acontecimientos económicos (base material) afirmando: “El hecho que surja uno de éstos hombres precisamente en un momento y en un país determinado, es naturalmente, una pura casualidad. Pero si lo suprimimos se planteará la necesidad de reemplazarlo, y aparecerá un sustituto, más o menos bueno, pero a la larga aparecerá” (9).Lenin luchó muchas veces contra las concepciones anticientíficas que sobredimensionaban la personalidad en el proceso social y que negaban el rol dirigente y fundamental de las masas, principalmente del proletariado. Durante todo el proceso de formación del Partido Comunista de Rusia, Lenin y los bolcheviques desarrollaron una gran batalla ideológica contra los populistas agrupados en el grupo “Voluntad del Pueblo” (Narodnaia Volia) que se reclamaban partidarios del socialismo, pero propugnaban equivocadamente la teoría de los "héroes" activos y la "multitud" pasiva. A partir de esta teoría metafísica y pequeño burguesa los populistas creían que la lucha por el socialismo en una Rusia era una cuestión de destacados individuos, los héroes”, y que las masas solo tenían que seguir a estos jefes que se presentaban como personajes iluminados de lucha social.Para los populistas rusos, la historia y la lucha por el cambio social era un asunto, no de la lucha de clases y de leyes objetivas de la sociedad, sino de la acción y voluntad de personalidades destacadas. De esta manera se negaba el papel de las masas oprimidas, no se tomaba en cuenta el rol del partido revolucionario, y sobre todo se desconocía la ubicación histórica del proletariado en la lucha por el socialismo. De esta confusión, los principales beneficiarios eran los poderosos zares, los feudales y las clases ricas.

EL “PENSAMIENTO GONZALO”
Y EL CULTO AL JEFE

El “pensamiento Gonzalo”, aunque incipientemente se origina en los primeros años de la década del 60 y alcanza su punto más alto en el primer Congreso de este partido realizado en Lima el año 1988 cuando es integrado al programa del partido. Este “pensamiento”, como corriente contraria al marxismo resume una desviación ideológica desde el punto mas extremo de la izquierda, y encubre su naturaleza en la necesidad de luchar contra aquellos que desde la muerte de Mariátegui en 1930 se había apoderado del Partido Comunista del Perú (PCP). Este “pensamiento”, en su desarrollo liquida principios fundamentales de la teoría marxista sobre la construcción del partido revolucionario, cuyos fundamentos doctrinales están referidos al centralismo democrático, a la crítica y autocrítica y a la rigurosa disciplina en base a la democracia partidaria. Estos principios desarrollados por Lenin, recusan cualquier manifestación de caudillos y personalismos que suplanten la dirección colectiva del partido. Gonzalo, en aplicación de su “pensamiento”, convierte al PCP en una organización política de carácter personal, y atomizada en torno al culto al jefe indiscutible, situado por encima de los órganos de dirección y del partido. Abimael Guzmán ha intentado dar una justificación “teórica” al “pensamiento Gonzalo”, y para este propósito ha dicho que este pensamiento surge del desarrollo de la lucha de clases y de la “aplicación del marxismo-leninismo-maoísmo a la revolución peruana” (10). Esta explicación reiterativa en discursos y textos oficiales del PCP no aclara la verdadera naturaleza ideológica y la trayectoria que ha seguido el proceso de instauración de la jefatura de Gonzalo y su pensamiento absoluto. Ideológicamente, el “pensamiento Gonzalo”, significó la más grande debilidad teórica y practica del proceso armado que se desarrolló desde 1980 hasta cerca del 2000. Este pensamiento, en apariencia se mostraba como el lado fuerte de este partido, pero por su esencia subjetiva constituyó la parte más vulnerable de este proceso. Las “cartas de paz”, redactadas en 1993 por Gonzalo y el Comité Central desde las prisiones en la que participó Vladimiro Montesinos como jefe del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) y agente de la CIA, se sustentaron precisamente en la falla ideológica que existía en la más alta instancia de dirección del Partido Comunista del Perú (PCP), en cuyo centro gravitaba como único elemento de dirección partidaria Abimael Guzmán. La lealtad y “sujeción” que expresaba la militancia a Gonzalo, como se vio en la práctica, no significaba una lealtad al marxismo ni siquiera al partido, sino más bien al jefe único. De esta manera el destino del partido y del proceso ya no dependía de la fortaleza del movimiento histórico de las clases oprimidas, sino más bien de la decisión y voluntad del jefe absoluto. Los mismos organismos policiales, así como otras instituciones que se involucraron, directa o indirectamente, en el conflicto armado, concluyeron que la parte mas débil de este partido radicaba en la relación jefe-militancia que imponía Gonzalo y en la “autoridad absoluta” que éste tenía sobre los militantes que asumían, no el papel de militantes, sino más bien de fieles discípulos” o seguidores de un personaje mítico. Así para el Instituto de Investigación para la Defensa Nacional (RAND) de los Estados Unidos, Sendero Luminoso no era otra cosa que un movimiento que reflejaba la personalidad de Abimael Guzmán, y que sus seguidores aceptaban sin discusión sus puntos de vista y que cumplían sus órdenes de manera incondicional. Para la Rand, “Una relación de esta naturaleza produciría una gran unidad interna”, pero agregaba, “tiende a limitar el papel de la dirección de segundo o tercer orden de la organización”, y es aquí decía esta institución, donde radica la mayor “vulnerabilidad de Sendero en caso de muerte o captura de Abimael Guzmán” (11). Otra opinión al respecto proviene de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) que en su informe final del 28 de agosto del 2003, señala que Sendero Luminoso, es una organización “construida en torno al culto a la personalidad de Abimael Guzmán”, y ello dice esta comisión, fue un factor “muy importante para lograr la cohesión interna del PCP-SL, pero se convirtió en su talón de Aquiles cuando cayó preso en 1992” (12). La adoración a Gonzalo se trascribió en el discurso cotidiano,en documentos políticos del Partido y también en la literatura y poesía partidaria. «El viaje hacia el mar”, se llama un cuento escrito por la camarada Myriam, numero dos en el Comité Central del PCP y esposa de Gonzalo, además de miembro del Comité Permanente Histórico de este partido. Ese cuento cargado hasta el tope de subjetivismo refleja el espíritu y la forma en la que fue reconstituido este partido en la década del 60. El cuento expresa la oscilación ideológica de la dirección de este partido que se bambolea entre planteamientos típicamente idealista y posiciones políticas arcaicas de las épocas cuando aun no existía ni el proletariado ni el marxismo. En esta fábula se transforma en literatura la vieja concepción política del clan familiar donde el padre no es otro que Gonzalo. La trama esta construida por una trilología cuyos elementos son, el papá (el presidente Gonzalo), los hijos (la militancia partidaria), y el camión (el Partido). La figuración es simple, pero representativa de los criterios políticos subjetivo impuestos por la cúpula del Partido Comunista del Perú, y la forma patriarcal que se instaló como sistema de dirección. En este cuento, la lucha que se desarrollo entre la capitulación y aquellos que planteaban proseguir la lucha armada. El océano que se encuentra a un costado de la cordillera de los andes aparece como el comunismo. Para llegar a esta meta había que viajar en un camión, el solo medio de transporte válido, pero lamentablemente el único que podía conducir el vehiculo es el padre, su creador y sin él todo estaba perdido. “Avanzaron conducidos por el padre sabio y tenaz, firme y decidido”, si dice en el texto. El camino lleno de peligros, “escarpado, sinuoso y el frío de la tormenta los acechaba golpeándolos implacablemente”. Y cuando estaban cerca de la meta (el mar), la “neblina espesó y el denso silencio de la puna, una indeseada presencia los detuvo: la patrulla de caminos, por la negligencia de uno de los hijos, faltaba justamente el documento que el guardia demandaba. El padre fue así conducido a la prisión”. El camión se queda sin su conductor, sin el padre. Los hijos inconsultamente, desobedeciendo al creador, al padre, toman el timón y siguen descendiendo rumbo al océano, pero, ellos, “aún eran jóvenes”, se dice en el poema, son ineptos para conducir el vehiculo (el partido) y que no son nada sin la presencia física del padre, del creador. De esa manera, el camión, ya a la deriva, sin rumbo, se estrella “contra las rocas y cae al abismo” (13). Este cuento, transfigura un proceso social, el mismo que es interpretado como si se tratara de un asunto específico de relaciones entre padre e hijos, donde el progenitor, no sólo es el “creador” de la familia, sino también el que decide el presente y futuro de los otros. Ninguno de los otros miembros del clan era capaz de forjar su propio destino apartado de la protección paternal. Una verdadera sociedad de la antigüedad cuando el patriarca era el guía espiritual de la tribu, pueblos y naciones. Algo así como Abraham, quien como dice la Biblia, fue padre del pueblo de Israel y quien convivía con los ángeles y hablaba con dios cotidianamente. Los hijos en esta trama, solo son personajes inexpertos y desobedientes cuya existencia depende del bien amado progenitor, y que al final aparecen como los responsables de la destrucción del camión (el partido). En esta historia el clan familiar pierde a su guía, al “creador”, y todo se va al diablo. Como en las tragedias griegas un hombre hace el universo, y fuera de él todo es tiniebla y sufrimiento. La camarada Miriam, a través de su simpleza literaria nos muestra un problema de esencia ideológica política grave y profundo inserto en los más altos rangos del PCP, cuya más alta expresión fue alcanzada en 1993, cuando el papá y la mamá (Gonzalo y la camarada Myriam), firmaron las cartas de paz y sin problemas condujeron a su “pueblo” a una vergonzosa derrota.“Tiempo después... las hijas y los hijos de los hijos del padre, empapados con su luz, condenaron a los otros, reconstituyeron el camión, reemprendieron el camino y llegaron hasta el mar” (14). Marcia, una poetiza y guerrillera del PCP, en mayo de 1990 declama un poema en honor de Gonzalo cuya evocación representaba más una ceremonia litúrgica y no un texto revolucionario. El poema se refiere a Gonzalo con el mismo lenguaje que usan los clérigos cuando hablan de Cristo. “Mirad como forma comunistas a su imagen y semejanza, dichosos los ojos que pueden verle y los oídos que pueden escucharle. Dichosos nosotros que sentimos tu presencia…Aprender del Presidente Gonzalo, encarnar el pensamiento Gonzalo” dice Marcia (15). Si a través de Cristo, se transmite la voluntad de Dios y crea a sus seguidores a “su “imagen y semejanza”, como dicen los textos bíblicos, Gonzalo lo hace desde su púlpito en la más alta instancia del PCP, y si los seguidores de Jesús están obligados a encarnar el pensamiento de sus profetas, el militante del PCP tenia que aprender y “encarnar el pensamiento” del jefe del partido. En el advenimiento espiritual, se dice: “El poder de la virtud del señor se transmite enteramente a los apóstoles. Los que habían sido formados por Adán a imagen y semejanza de dios, reciben ahora de modo perfecto la imagen y semejanza de Cristo” (16). Gabriel Uribe, autor de la “La Otra Versión. Un Insólito Sendero Literario” (17), un libro que milita en las “cartas de paz”, absolutiza el rol del jefe y hace un paralelo literario entre Dios y un Gonzalo en prisión. El texto es un discurso partidario que bien pudo ser redactado por el mismo Gonzalo, sitúa el debate político entre una “reconciliación nacional” como parte del planteamiento respecto a una “solución política a los problemas de la guerra”, y el llamado “Bloque Escisionista” que desde el interior del PCP se negó desde un principio a seguir el camino de la capitulación propuesta desde la prisión en 1993. En el libro se transcribe la discusión entre Rudo, un militante que esta a favor de la lucha armada (irse contra la corriente) y Catalina, otro miembro de este partido, que sostiene las “cartas de paz”. Los dos personajes ficticios en la novela, pero reales en el hecho político, se enfrascan en una agitada discusión política cuyo eje es seguir o dejar de lado la lucha armada. Para uno de ellos, Gonzalo es el “creador”, y se dice que sin su “jefatura no se hubiera hecho esta gesta (la revolución), que sin él no estuviéramos aquí. ...Cómo prescindir del jefe”, dice Catalina. Porque quienes piensan como tu, argumenta ella, “renuncian al creador supuestamente por preservar la creación. ¿El creador del que estamos hablando ha muerto?. ¿Y quien puede tener más autoridad que al autor para velar por su obra?”.Catalina la defensora de las “cartas de paz” y de la “reconciliación nacional”, aboga por preservar la unidad partidaria en torno a Gonzalo. Para dar contundencia a sus argumentos recurre a argumentos teológicos. Señala que el culto cristiano se preserva en base a seguir el camino legado por Cristo antes de que lo crucificaran. En su alegato hace un paralelo entre Cristo y Gonzalo, y anota que el centro de unificación partidaria es la jefatura (Gonzalo), y en el caso de los cristianos su centro es Cristo, pero como este está muerto hay problemas en la unidad entre los vicarios. Así entonces, dice Catalina, pero si Cristo estaría vivo, “aunque sea preso en algún lugar, ¿no sería para ellos un centro de unificación? en nuestro caso, la otra colina y el Bloque Escisionista se han dado la mano para ponerle una losa sepulcral al jefe cuando aun está vivo y ya se las había arreglado para retomar vínculos con la empresa” (el partido). En este libro, también se recurre a la mítica Odisea de Homero, para lograr una “alegoría necesaria” y reafirmar la necesidad de la “sujeción a la jefatura”, y de esa manera alejarse de todas las tentaciones terrenales, incluidas la voz mágica y femenina de alguna hermosa sirena. “Ulises para avanzar en su travesía precisó sujetarse al tronco mas firme de su barca para no sucumbir ante los cantos de las sirenas. Ahí tienen una alegoría de la necesaria sujeción a la jefatura….”(18).

Si la literatura del PCP ha reflejado esa acentuada veneración hacia el jefe, no ha sido menos en los textos y pronunciamientos oficiales de los organismos generados de este partido. Los grandes esfuerzos, sacrificios y la valerosa resistencia de los prisioneros son calificados, antes que otra cosa, un mérito del presidente Gonzalo. “Los prisioneros de guerra arrancaron un triunfo político, militar y moral para el Presidente Gonzalo, el Partido y la Revolución” (19). En 1992, como se conoce el régimen de Fujimori perpetró una masacre en el penal de Canto Grande donde fueron asesinados cerca de 100 prisioneros de guerra. A raíz de esta matanza, los prisioneros sobrevivientes emitieron un comunicado donde hicieron ver que su resistencia se efectuó y encarnó “el todopoderoso pensamiento Gonzalo y con el insoslayable compromiso de dar la vida por el Presidente Gonzalo, el Partido y la revolución” (20). Una prisionera sobreviviente de Canto Grande, escribe un informe para la dirección del Partido Comunista del Perú. En el texto narra un pasaje dramático de los hechos dramáticos ocurridos en el penal, y señala que en los momentos más difíciles, “le agarré fuerte de la mano al compañero G. y le dije: eres forja del presidente Gonzalo, y él me contestó: somos forja del presidente Gonzalo” (21).

Dar la vida por el presidente Gonzalo”, se convierte en un rito, y en un honor que pocos mortales podían aspirar. Así por ejemplo, un prisioneros de la cárcel de Canto Grande narra que la resistencia heroica se había cumplido, y los prisioneros inmolados, “no vacilaron en cumplir con su compromiso de dar la vida por el Presidente Gonzalo, el Partido y la revolución”. En términos pletóricos, dice este sobreviviente “y la luz del pensamiento Gonzalo, agárrate firmemente a él, nunca te apartes...Ha quedado plenamente demostrado que ha sido un triunfo del Presidente Gonzalo, del Partido y la revolución” (22). En un documento partidario publicado en 1993 se proclama que Gonzalo es “el hombre más grande de esta presente época, querido, respetado y heroico jefe del Partido y la revolución, continuador de Marx, Lenin y el Presidente Mao Tsetung”, y en el mismo documento se anota que los comunistas, son “forja de su forja, temple de su temple, nos enseñó el camino, la nueva aurora, y nos ha conducido, conduce y conducirá por siempre cogiéndonos de sus férreas manos hasta el comunismo…” (23). Al final de la resistencia en Canto, se narra en el libro testimonio “Gloria al día de la Resistencia Heroica” (primer aniversario), los prisioneros decidieron salir, y “prosiguieron saliendo dando vivas al Presidente Gonzalo y emplazaron a los miserables a que disparen” (24). La práctica de sacrificarse y morir por el triunfo y prestigio del jefe, no proviene de las canteras del marxismo. Su origen es religioso y posiblemente de esencia fanática. Su práctica más conocida provine del siglo XI una época de misticismo cuando se enfrentaban en Tierra Santa los guerreros de la cristianidad y los guerreros del Islam. Los primeros decían que luchaban y morían por dios y Cristo. Los segundos lo hacían por Alá y el profeta Mohamet. Es cierto que en las más importantes revoluciones sociales de la historia, como por ejemplo la Comuna de Paris en 1871, en Rusia en 1917 o en China en 1949, hubo miles de combatientes que ofrendaron heroicamente sus vidas por la justicia y la libertad. Pero en ninguno de esos casos, ningún combatiente del pueblo fue al frente de batalla gritando que moriría por alguno de sus más calificados jefes revolucionarios. Lenin en 1920, en un discurso dirigido a los combatientes rusos que partían al frente para luchar contra las tropas extranjeras invasoras, los arengaba en la “defensa de la patria”, “la defensa del socialismo” y en la lucha hasta la victoria final para no permitir el regreso de capitalistas y terratenientes (25).

LIN PIAO Y ABIMAEL GUZMAN

La idea de acentuar un pensamiento absoluto en una organización revolucionaria no pertenece a la experiencia marxista. Ninguna de las cumbres del pensamiento marxista propició tal aberración. Hay muchos analistas políticos que han visto una relación entre el “pensamiento Gonzalo” y la practica política de Mao Tsetung. Es cierto que Gonzalo intentó reeditar la revolución china y imitar a Mao, pero en cuanto a la formulación de su “pensamiento”, habría que decir que en este terreno estuvo más cerca de Lin Piao y de Ten Sian Pin que de Mao. La influencia mas cercana al desarrollo del “pensamiento Gonzalo”, es el planteamiento del dirigente chino Lin Piao. Aquí una breve explicación a este problema: En abril de 1969 se realiza el IX Congreso del Partido Comunista de China (PCCH), a pesar de la distancia entre China y Perú, ese evento será decisivo en el futuro del PCP y en la metamorfosis de la personalidad política de Abimael Guzmán. En ese Congreso, a iniciativa de Lin Piao, que más adelante intentaría un golpe militar contra Mao Tsetung, se introduce en los Estatutos del partido el “pensamiento de Mao Tsetung” como el “marxismo- leninismo de la época”. Ahí se señala que el fundamento teórico que guía el Partido Comunista de China (PCCH) es el pensamiento de Mao Tsetung. En el mismo Congreso Lin Piao propone que lo designen como el “más próximo camarada de armas” de Mao y en razón de ello se le nombra (de acuerdo a los estatutos) el legítimo sucesor del presidente Mao.

Lin Piao como militante del Partido Comunista de China, participó junto a Mao en la Larga Marcha. Fue uno de los jefes militares del Ejército Rojo y luchó contra los japoneses en Manchuria y la ofensiva en 1949, que derrotó definitivamente a los nacionalistas de Chiang Kai-shek. Tomo parte en la Guerra de Corea al mando de un ejército de revolucionarios chinos. En 1959 fue nombrado Ministro de Defensa y fue uno de los que junto a Mao hicieron del Ejercito Rojo una fuerza política que tuvo una importante participación en el proceso de la Revolución Cultural (1966). En la II Asamblea Nacional Popular (ANP) realizada en 1959 Lin Piao, fue elegido presidente de la Republica de China. En la Asamblea Nacional Popular de 1964 fue reelegido una vez más presidente. Lin Piao decía que las instrucciones del Mao eran “instrucciones supremas” y que cada frase del presidente Mao era una verdad. Lin Piao en representación del Comité Central del PCCH rindió el informe político en el IX Congreso que se inauguro el primero de abril de 1969. Fue en ese evento donde propuso que se incluyera en los estatutos del Partido el “pensamiento de Mao Tsetung”. En el mismo evento fue nombrado vicepresidente del Comité Central y el sucesor de Mao a la cabeza del partido y el Estado socialista. A partir de ese congreso fue llamado “subcomandante” y el “sucesor”. Con los rangos adquiridos en el IX Congreso, aspiraba a la presidencia de la República Popular y su ambición lo llevó a planificar un golpe militar cuyo objetivo fue asesinar al presidente Mao, tomar el poder y restaurar el capitalismo. Mientras Lin Pio, decía “Mao es un genio”, el verdadero Mao respondía, censurando a Lin Piao, que eso era puro sofisma: “No hay que dejarse engañar por aquellas personas que dicen comprender a Marx pero en realidad no lo entienden en absoluto” (26). Lin Piao, fue el recopilador de las Citas del Presidente Mao, que fueron editadas en 1966 en el pequeño libro rojo. Se conoce que Lin Piao, nunca se separaba de su pequeño libro Rojo, cuyo texto utilizaba en cualquier conflicto político en el partido. En 1966 Lin Piao, editó la primera edición del pequeño libro rojo, y como presentación anotó: “Estudiar las obras del Presidente Mao, seguir sus enseñanzas, actuar según sus directivas, y ser un digno combatiente del presidente Mao” (27). En 1971, en complicidad con su hijo Lin Liguo, director de operaciones de la Fuerza Aérea del Ejército Rojo planifica un golpe de Estado contra Mao Tsetung. ¿Cómo murió Lin Piao?. Hay dos versiones: una dice que fue muerto estrangulado en Pekín durante una sesión del Partido Comunista de China. Otra versión señala que Lin Piao, su mujer y su hijo Lin Linguo, murieron en septiembre de 1971 cuando el avión en que se fugaban hacia Rusia se estrelló en las montañas de Mongolia.

Según Li Yazhi, un participante de la Revolución Cultural, Mao siempre supo que Lin Piao era un derechista infiltrado en el poder popular y si dejó que el IX Congreso lo eligiera su “sucesor fue para “mejor desenmascararlo”. De acuerdo al mismo autor, el “sistema Lin Piao” así como el programa ideológico de éste, se basaba en la teoría burguesa respecto a que “son los genios los que hacen la historia”, teoría contraria a las ideas políticas de Mao Tsetung. A Lin Piao, anota Li Yizhe, le gustaba repetir refiriéndose a la autoridad de Mao, que “cuando el padre habla, los niños se callan, o cuando el Rey se jacta los siervos aplauden” (28). El mismo autor señala que Lin Piao se sirvió del movimiento revolucionario como “fuerza de apoyo” en su estrategia para usurpar el poder popular. Dice también que el error histórico del pueblo chino durante el desarrollo de la Revolución Cultural fue mantener el culto del “sistema de Lin Piao” el mismo que se tomó por el verdadero pensamiento de Mao Stung.

Las modificaciones en el Congreso de los comunistas chinos influyen en los cambios al interior del grupo liderado por Gonzalo. Su impacto es inmediato y a partir de 1970, se modifica el discurso de este grupo. Se agrega “marxismo-leninismo pensamiento Mao Tsetung”. Este hecho es la única relación que hemos encontrado entre el pensamiento Gonzalo, y la experiencia internacional de lucha por el socialismo (29). El problema del “pensamiento” como parte de los estatutos y programa de un partido es tan nocivo, que hasta la actualidad los actuales dirigentes chinos lo usan para imponer desde el Estado un brutal sistema basado en la propiedad privada y en una economía de capitalismo salvaje. En octubre del 2007, el XVII Congreso del Partido Comunista de China (PCCh), reafirmó una vez más que este partido, se “guía en su actuación por el marxismo-leninismo, el pensamiento de Mao Zedong, la teoría de Deng Xiaoping y el importante pensamiento de la "triple representatividad". En junio de 1975 el camarada “Álvaro” (seudónimo de Abimael) (30) se convierte en Gonzalo. No tenemos la certeza de que este cambio de seudónimo esté relacionado a la configuración absoluta de su pensamiento. Lo que si es claro es que a partir de 1975 Gonzalo había avanzado un buen trecho en encumbrar su primacía como jefe en el partido. En un evento partidario de 1976 (31), Gonzalo plantea la necesidad de una “cabeza que dirija el partido”. Toda revolución tiene una cabeza, dice (32). Hasta aquí, no hay nada que afecte al marxismo, sobre todo si se exigía a los militantes que se sujeten al VI y VII Pleno del Comité Central. Estos eventos se realizaron en diciembre de 1976 y mayo de 1977 (33).

Algunos años después la sujeción ya no sería a los órganos o eventos partidarios, sino más bien a Gonzalo y a su pensamiento. El 5 de julio de 1979 durante el IX Pleno Ampliado del Comité Central del PCP, se establece la “jefatura de Gonzalo”. En esta reunión considerada como “evento decisivo en la historia” del partido, se recompone el Comité Central, y se acuerda reconocer una “jefatura que tenga moral y ascendencia reconocida”. Con este acuerdo Abimael Guzmán comienza a ascender los escalones del poder hasta imponer su “pensamiento”. En dicho evento Gonzalo queda reconocido como “jefe del Partido y la Revolución”. Posteriormente, Guzmán pretenderá hacer de su práctica una ley universal en las ciencias sociales y señala que no hay “jefatura que no se sustente en un pensamiento” (34). Seguido al reconocimiento de la “jefatura” el camino queda libre para finalmente convertirse en el “pensamiento Gonzalo”. Desde 1981, en la II Conferencia Nacional del Comité Central, el Partido Comunista del Perú (PCP) transforma el pensamiento Mao Tsetung en maoísmo y con ello el discurso político cambiará de forma. Será concebido como “marxismo-leninismo-maoísmo, pensamiento Gonzalo, principalmente pensamiento Gonzalo”. De aquí para adelante, Mariátegui y su pensamiento serán borrados del slogan partidario. Si antes se decía que había que formar a los militantes en el pensamiento de Mariátegui, ahora se tenia que hacer a “imagen y semejanza” de Abimael Guzmán, y a quien los militantes y simpatizantes estaban obligados a jurar fidelidad y “sujeción plena e incondicional”. “Tu pensamiento es luz poderosa, que esta en la mente de tu pueblo y los pueblos del mundo...Somos forja del Presidente Gonzalo, invicto comunista, acero puro” (35). Después se llegaría al primer congreso del PCP (1988), donde se declara a Gonzalo el mas grande marxista-leninista-maoísta viviente”, y en cuyo evento se exige “sujetarse a su dirección y mando personal”.

Jefa tura, pensamiento y sujeción

Jefatura, pensamiento y sujeción plena al jefe del partido, son tres elementos que tienen una misma raíz ideológica cuya esencia es la revisión de la doctrina marxista en cuestiones fundamentales de la construcción y dirección del partido revolucionario. La jefatura partidaria, así como el pensamiento Gonzalo, aparecen como absolutos en los altos rangos del Partido Comunista del Perú (PCP). Se sitúan por encima de la estructura de participación de los militantes llámense congresos, conferencias, y otras instancias. Con ello queda abolida la lucha de dos líneas y el centralismo democrático que como lo prueba el marxismo son pilares de la organización comunista. En que situación quedaba el principio de organización proletaria, si en el partido no podía haber “el más leve alejamiento del pensamiento Gonzalo”, o cuando pretende que la ideología que sustenta el PCP es el “marxismo-leninismo-maoísmo, pensamiento Gonzalo”, y que el “eje de todo es el partido Comunista del Perú, su dirección y la jefatura del presidente Gonzalo” (36). Aquí el problema no es el planteamiento en torno al jefe revolucionario o a su pensamiento político que el marxismo considera como fruto del desarrollo de la lucha de clases y del avance revolucionario del proletariado. Es justo tener en cuenta este fenómeno de carácter histórico político. Lo que no es correcto, y que escapa a la doctrina marxista, es que tanto la jefatura como el pensamiento de este jefe, como lo muestra el caso peruano, logren niveles absolutos, y que se ubiquen al mismo nivel o por encima de la organización y de la doctrina marxista. Si Marx, Engels, Lenin, fueron los más destacados jefes del proletariado internacional, no fue lo mismo con otros jefes y dirigentes que en el proceso de la lucha por el socialismo capitularon y se pasaron a la orilla de los enemigos de los trabajadores. Plejanov, uno de los jefes del proletariado ruso y uno de los más destacados marxistas de Rusia, renegó de la revolución y se convirtió como dijo Lenin en “lacayo del capital” (37). Kart Kausky fue el destacado jefe de la II Internacional Comunista y en la primera guerra mundial se puso al servicio de las grandes potencias imperialistas de occidente. Lenin lo calificó de renegado.

Gonzalo fue lejos en la formulación de su jefatura única y absoluta, y dijo que un dirigente es un “cargo orgánico”, pero no un jefe y menos una jefatura, que como lo dice él mismo, es un reconocimiento de autoridad partidaria y revolucionaria. “Hay una diferencia que hay que resaltar, dirigente es un cargo orgánico en tanto que jefes y jefatura lo entendemos como reconocimiento de autoridad partidaria y revolucionaria” (38). En la invención de Gonzalo el jefe o la jefatura está por encima de la organicidad partidaria y en razón a ello el jefe queda al margen de las reglas internas y de los estatutos partidarios. Aquí Gonzalo adquiere inmunidad partidaria, no hay ninguna regla interna que lo pueda afectar. Su cargo es eterno y su autoridad no tiene límites. Aquí el “jefe” es algo parecido al presidente de una republica burguesa quien mientras permanece en el poder no se le puede aplicar ninguna de las leyes del orden jurídico legal del país. Para que no haya dudas sobre el carácter superior del jefe, Gonzalo reafirma que “no hay dos personas iguales, nosotros no somos practicantes del igualitarismo, las personas cumplen el papel que les corresponde”, y anota a su propio gusto que “toda revolución genera un grupo de jefes y entre ellos uno destaca como superior….” (39). En la historia de la lucha por el socialismo pocas veces se ha visto un caso similar al proceso peruano donde el jefe del partido adquiere por propia auto definición un rol político que sobrepasa la misma estructura partidaria, y que se presenta como la síntesis magistral de todo lo que ha acumulado el marxismo como ciencia social y filosófica. En el Congreso del PCP realizado en 1988 el pensamiento Gonzalo queda integrado al programa partidario y se convierte en uno de los elementos de la “Base de Unidad Partidaria”, que como se dice en un texto es el “fundamento de toda nuestra accion” (40). La unidad en el partido (base de la unidad) es fundamentalmente en torno al programa y a los principios del socialismo científico. La historia social muestra, que ninguno de los jefes históricos del proletariado intentó ubicar su pensamiento por encima de la organización revolucionaria. Marx y Engels en los inicios de la formación de las organizaciones comunistas, precisan que la unidad es en torno a la lucha por el comunismo. El concepto leninista del partido es irrefutable cuando se afirma que la unidad entre los militantes comunistas se sustenta en la fidelidad a la teoría marxista, a la dictadura del proletariado y la lucha por el comunismo. Mao Tsetung, enfatiza que la base teórica que guía la concepción política de los “comunistas es el marxismo-leninismo”. (41) Al amparo de que el “pensamiento Gonzalo” era parte del programa y eje de la unidad partidaria, el jefe (Gonzalo), adquiere una autoridad y mandato absoluto en el partido. Gonzalo podía decidir a su simple criterio quien o quienes podían ser dirigentes del partido. El concentra todo el poder del partido y es el único, al margen de las instancias partidarias, que puede tomar acuerdos sobre la guerra y la paz. Esta forma de autoritarismo en un partido es contraria a la práctica proletaria y resulta una copia de la forma en que están organizados los partidos burgueses cuyos jefes y dirigentes actúan autocráticamente sin tener en cuenta a la militancia. Hay pruebas de la forma dictatorial en que Gonzalo decidió a titulo personal situaciones fundamentales del proceso armado y del PCP. Así por ejemplo en 1993 estando en prisión y sin tomar en cuenta el esfuerzo que hacían los militantes para seguir desarrollando la guerra popular, suprimió cualquier cargo de dirección en el partido, salvo su rol de jefe y la de su mujer, la camarada Myriam . Gonzalo dijo que: “Ni los cargos ni las jerarquías valen, a excepción del Presidente Gonzalo y el Comité Permanente Histórico”. (42). Comité Permanente Histórico era una instancia del PCP que funcionaba al mismo nivel que el Comité Central. Sus integrantes, al momento de la firma de las cartas de paz en 1993, no eran otros que el mismo estaban Guzmán y su esposa (Myriam Iparraguirre).Los estatutos y el programa partidario no tienen ninguna validez en relación a la autoridad absoluta del jefe. En una norma interna, elevada a rango de obligatoriedad en el primer congreso (1988), se señala que los militantes del partido se sujetan al presidente Gonzalo y encarnan su pensamiento.“Los marxistas-leninistas-maoístas, pensamiento Gonzalo nos sujetamos al Presidente Gonzalo y encarnamos el pensamiento Gonzalo” (43). Pero mucho antes de este congreso esta norma era obligatoria y se exige al militante “sujeción plena e incondicional” al jefe del partido y creador del pensamiento Gonzalo. En un texto redactado por Gonzalo se dice: “como militantes tenemos disciplina y sujeción” (44). En una citación memorizada y obligatoria que servia de introducción en las reuniones partidarias, la sumisión a Gonzalo estaba asegurada, y en ella se decía: “Partiendo de mi saludo y sujeción plena e incondicional a nuestro querido y respetado Presidente Gonzalo, el más grande marxista-leninista-maoísta viviente sobre la faz de la tierra, jefe del Partido y la revolución”. Este discurso, de carácter burocrático administrativo, se expresaba al inicio de cualquier reunión partidaria y servía de identificación del espíritu del militante. Cuando mayor era la vehemencia en la magnificación y elogio al jefe, mayor era la talla de comunista que adquiría el orador. De esta manera, los que mejor usaban el superlativo para adular a Gonzalo, eran los mejores “comunistas” y por analogía eran los que mejor habían asimilado el “pensamiento Gonzalo”, considerado por el mismo Abimael síntesis magistral de la ciencia marxista. Que alguien hiciera uso de la palabra sin hacer el panegírico al jefe, constituía una violación de las normas internas del partido, y ello era duramente criticado por los responsables políticos.

Para la redacción de este capitulo, se entrevistó a dos peruanos que hasta cerca de 1990 integraron una escuela popular del Partido Comunista del Perú (PCP). Uno de ellos que por razones obvias lo llamaremos bajo el nombre de Aracelio, narra que a mediados de 1986 fue captado por un colega de la universidad donde era profesor. Así fue como llegó a una “Escuela Popular” que funcionaba en Lima. Las “Escuelas Populares”, eran una instancia orgánica clandestina del PCP. No eran exactamente células, pero cumplían un rol primordial en la estructura orgánica de este partido. En estas escuelas se adoctrinaba, se captaba nuevo adeptos, y sus integrantes, en casos específicos, actuaban en acciones militares. Estas instancias estaban dirigidas por un militante del PCP, sobre quien recaía la responsabilidad política del grupo. Cuenta Aracelio, que la primera vez que participó en una reunión de la Escuela Popular el “responsable” le pidió que expresara su “sujeción plena e incondicional al presidente Gonzalo”. Sin entender mucho tuvo que repetir de paporreta las frases que le indicó el “responsable”. De ahí para adelante el juramento a Gonzalo estaba asegurado, y en cada nueva reunión debía expresar su sermón de fidelidad al jefe del partido. Lo curioso, cuenta Aracelio, el mayor tiempo de cada sesión servia para que cada participante de la escuela expresara su saludo al presidente y jefe del partido. Jacinto, es otro de los entrevistados, y él participó en un “Escuela Popular” del norte del Perú. Cuenta que dicha escuela estaba integrada por más de 10 personas, la mayoría de ellas eran profesores de segundaria. El responsable político que en 1993 capituló y se enganchó como soplón en la policía, exigía que el saludo al presidente Gonzalo sea bien dicho y con fuerte entonación de voz. El método de conducir la reunión consistía en que al inicio había una ronda en la que tenían que participar todos los miembros presentes. La ronda era obligatoria y su finalidad era expresar la sujeción al jefe del partido. Claro, dice Jacinto, había que sujetarse y declarar la fidelidad también a cada uno de los organismos del partido, pero en primer lugar la sujeción era para el presidente Gonzalo a quien considerábamos el más grande “maoísta viviente sobre la tierra”.

Tanto Aracelio como Jacinto, desde el inicio tuvieron serias dudas si la vehemente sujeción al jefe servia para fortalecer al partido y a la revolución. Como lo constatamos, dicen ellos, este discurso fue utilizado por muchos para encubrir sus desviaciones ideológicas y políticas. Resultaba, cuenta Aracelio, que los campeones en declamar la alabanza a Gonzalo al final resultaron los que salieron huyendo de la organización, y muchos de ellos capitularon o se convirtieron en delatores. Por ejemplo, recuerda Jacinto, “Feliciano” fue mando militar del PCP y miembro del Comité Central junto con Gonzalo. Era uno de los que recitaban los más hermosos discursos de “sujeción plena e incondicional”. “Feliciano fue capturado el 14 de julio de 1999 y después de unas semanas en prisión capituló y se convirtió en un colaborador de la policía y del ejercito peruano. Es claro, agregó uno de los entrevistados, la “sujeción plena e incondicional a Gonzalo”, no resolvía los problemas internos y no era siempre sinónimo de entrega al partido y al proceso armado. Al contrario, esta práctica, se convirtió en una especie de taparrabo de individuos de más ínfima calidad política y moral.

EL conocimiento Y LA VERDAD ABSOLUTA

El desarrollo de la ciencia es sin fin y los términos del conocimiento no pueden darse por acabados ni siquiera en sus etapas de mayor desarrollo. Cada etapa de la ciencia es un paso adelante hacia nuevos y más avanzados descubrimientos científicos. La existencia humana es corta y limitada para coronar el fin del conocimiento científico de una doctrina social y revolucionaria. Habría que dudar que un solo “pensamiento” pueda resumir como un todo acabado el contenido teórico universal del marxismo. El mismo Marx muchas veces tuvo que revisar y corregir algunas veces su pensamiento científico. Marx dijo en una oportunidad, que lo “único que sé es que no soy marxista”, con cuya famosa frase intentó cerrar el paso a cualquier manifestación personalizada y absoluta de la ciencia y de los procesos sociales. Federico Engels, afirmó en una oportunidad que había que echar a la basura el criterio sobre el “carácter definitivo del pensamiento y la acción del hombre”. Según él, el conocimiento no es una colección de tesis fijas y dogmáticas que solo se tienen que aprender de memoria. Para Engels, el proceso del conocimiento tiene una larga trayectoria de la ciencia que comporta fases cada vez más altas del conocimiento, pero sin llegar jamás a una “verdad absoluta, a un puesto en el que ya no se puede seguir cambiando. La historia, al igual que el conocimiento no puede encontrar jamás su remate definitivo” (45). Las más altas cumbres del pensamiento social, ya sea Marx, Engels, Lenin, Mao y otros, se presentaron con humildad frente al desarrollo del conocimiento humano, y en teoría y practica nunca hablaron de su “verdad universal”, ni otras variantes del pensamiento puro y magistral. La naturaleza dialéctica del marxismo, hace que esta ciencia asuma críticamente lo más desarrollado del conocimiento universal. En su desarrollo y constitución, se nutre de todo lo mejor que la humanidad ha producido en las ciencias sociales, la filosofía, la economía, la teoría socialista, en la ciencia militar, y en todo aquello que involucraba el desarrollo científico de la humanidad. Asumir el espíritu de la filosofía marxista, es decir el materialismo dialéctico y el materialismo histórico, implica profundizar en esta ciencia y ampliar el conocimiento concreto y práctico. Lo que acabamos de anotar en torno a las pretensiones de la jefatura de Gonzalo es una parte del lado negativo de esta práctica política. Hay otros problemas y ellos se relacionan a las ambiciones políticas de largo aliento de Guzmán. Cuando el jefe del PCP agrega su nombre de militante en la lista doctrinal, no lo hace simplemente por simple figuración o por una razón de exotismo a la peruana. El “marxismo-leninismomaoísmo, pensamiento Gonzalo”, y su agregado reiterativo que el “pensamiento es arma indispensable del triunfo”, o que “es principal para el caso peruano”, ha mostrado las ambiciones sin freno de este dirigente peruano. El marxismo, dice Lenin, apareció como continuación directa inmediata de las doctrinas de los más grandes “representantes de la filosofía, la economía política y el socialismo...Dando a los hombres una concepción del mundo íntegra” (46). Si el marxismo es el resumen de la ciencia en varios terrenos, habría que saber si el “pensamiento Gonzalo” tiene ese mismo origen. Es evidente que Gonzalo exagera un poco la nota, y el hecho de que antes que capitule fue el jefe de una organización que efectuaba lucha armada, no le confiere meritos ni derecho para estar a la misma altura de Marx, Engels, Lenin y Mao. La repetición o la aplicación parcial y revisada de la ciencia marxista, como fue el caso peruano, no otorgan derecho a creerse tan importante como los creadores de esta ciencia. Una lucha armada por si mismo, y peor aun si esta concluyó en derrota por la traición de sus dirigentes, no configura un aporte al desarrollo de la ciencia marxista. Al contrario, esta derrota crea en el seno de los oprimidos desmoralización y desencantó frente al marxismo, y recuperarse costará mucho tiempo y grandes esfuerzos en el futuro. En América Latina hay muchos ejemplo de lucha armada que no han servido para nada, salvo para traicionar y desmoralizar a las masas oprimidas. En Perú mismo, por mencionar un ejemplo, la guerrilla del Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA), durante su corta existencia solo incentivó la conciliación, las treguas y los pactos políticos con los regimenes de turno.

La concepción partidaria basada en la jefatura indiscutible y absoluta es producto de la ideología burguesa. Esta ideología es la base para edificar una organización política en la obediencia servil del militante de base hacia el “jefe” inmaculado. La forma como se plantea el problema de la jefatura y el pensamiento Gonzalo, resultan una especulación metafísica, una interpretación antidialéctica y subjetiva de la realidad. En esa realidad ficticia Gonzalo se convierte en el jefe, es inmutable y eterno. Todo puede cambiar menos su jefatura y su forma de pensar (su pensamiento) que alcanza universalidad en el concepto de la política, a decir de su propio autor, es la concretización de la ideología del proletariado. El marxismo no asume el culto a la personalidad y lucha contra las corrientes religiosas, sectas o grupos políticos de ideologías idealistas, que presentan una extrema afirmación del jefe como autoridad suprema e indiscutible. Bajo estas premisas políticas, solo Gonzalo puede interpretar y aplicar “creadoramente” y “magistralmente” la ciencia marxista a la realidad peruana, y ello le da derecho para considerarse el “continuador de Marx, Lenin y el presidente Mao Tsetung”, y por que no como se dice en los textos ofíciales del PCP, el “más grande marxistaleninista- maoísta viviente sobre la tierra”. El marxismo en este caso, que por mutación se transforma en el “pensamiento Gonzalo”, deviene en algo personal y metafísico alejado de la naturaleza objetiva y racional que caracteriza esta ciencia. De este marxismo a la peruana, se cae en el seguidísimo vulgar y en los hechos se deja de lado la teoría revolucionaria para adoptar un voluntarismo idealista de naturaleza violenta o pacifica.

Autoridad partidaria y presunción

Lenin, estaba en contra de lo que él calificaba de “presunción comunista” refiriéndose a aquellos dirigentes que tomaban el partido como una empresa privada y que creían que podían resolver los problemas del partido con decisiones personales (47). La medula del sistema de organización del partido, es el centralismo democrático, y la dirección colectiva de la organización. En este sistema de dirección el programa y los estatutos no pueden tener nombre propio y menos llevar las referencias del dirigente o jefe. Su aplicación es igual para todos los militantes del partido. “Hay que educar al partido en el programa del Partido”, dice Lenin (48). En estos principios de dirección van a descasar otros elementos fundamentales de la doctrina leninista de organización política de la clase obrera. La crítica y la autocrítica, y la consiguiente lucha de dos líneas como ejes del desarrollo partidario, fundamentan el principio de la democracia interna del partido. Bajo estas premisas se descarta cualquier manifestación de poder absoluto de un jefe o de cualquier dirigente. Orientar a los partidos comunistas en la práctica del centralismo democrático, fue una las grandes tareas de Lenin y de la III Internacional Comunista. “La centralización democrática en la organización del partido comunista debe ser una verdadera síntesis, una fusión de centralización y de democracia proletaria…Una centralización formal y mecánica no seria que la centralización del “poder” en manos de una burocracia que tiene la ambición de dominar a los otros miembros del partido o a las masas del proletariado revolucionario fuera del partido” (49). Lenin nunca hablo de la autoridad suprema del “jefe”, y menos pidió que los comunistas rusos se “sujeten incondicionalmente a su jefatura”. Eso no existió en la historia del leninismo ni en la trayectoria de la revolución rusa. Para él un partido comunista solo seria capaz de cumplir con su función revolucionaria, si estaba organizado en forma centralizada, “si reina dentro de el una disciplina férrea” casi militar, y si el centro del Partido era un órgano de dirección colectiva bajo el principio del centralismo democrático. Lenin, en su libro “Quehacer” analiza la relación masas-jefes, y ahí existe la “jefatura” absoluta de alguien en la organización revolucionaria, sino de una “docena de jefes” que todo movimiento crea en su desarrollo propio. Sin “una docena de jefes de talento, de jefes probados, preparados profesionalmente, instruidos por una larga práctica y bien compenetrados, ninguna clase de la sociedad contemporánea puede luchar con firmeza”. Paro Lenin precisó, que el futuro de la organización política y del proceso revolucionario, no depende del jefe absoluto y único, sino más bien de la calidad de los dirigentes y la continuidad que estos pueden dar al movimiento revolucionario (50). Para Mao el Partido Comunista, es "una unidad de contrarios", cuyas normas internas (orgánicas) son aplicables para todos de igual manera, y donde se descarta el absolutismo del dirigente o de los jefes. Como es posible dice Mao hablando del partido, que “un solo individuo lo decida todo”. En este aspecto Gonzalo no es muy maoísta, sobre todo cuando 1993 redactó las cartas de paz que resultaron el factor fundamental en la derrota de la lucha armada peruana, Mao, dice, que siempre que se trate de un asunto importante, es necesario discutirlo en forma colectiva, escuchar seriamente los distintos juicios…”Quien no actué así será un hombre hegemónico, príncipe hegemónico, mas que jefe de escuadra” (51). Mao, al contrario de Gonzalo, llama a las masas a remover orgánicamente a los dirigentes y jefes. ¿Por qué uno (hablando de dirigentes y jefes), solo puede ascender y no descender?, dice Mao. Anota que cualquier degradación o traslado a otro trabajo, “contribuyen, después de todo, a templar su voluntad revolucionaria” y le permite aprender de las masas. Yo mismo, dice Mao, tuve experiencias similares. En efecto, Mao varias veces fue removido y sacado del comité central del Partido Comunista y es el único de los líderes históricos que no fue secretario general del Partido. En 1927, la dirección del PCCH rechazo su trabajo sobre el campesino (52).

Mao siempre fue partidario de una dirección colectiva en el partido, y en ciertas circunstancias incentivó a los militantes a que luchen contra sus propios dirigentes que violaban la democracia interna. Por ejemplo en 1962 llamó a rechazar la arbitrariedad “personal del primer secretario” y señaló que dentro de los comités del Partido, el “centralismo democrático es el único método que debe emplearse”. Por ejemplo, dijo Mao, en el Comité permanente y el Buró político del Comité Central, ocurre con frecuencia que me someto a los demás cuando desaprueban mis opiniones, sean correctas o no, pues ellos son la mayoría” (53). Para Mao Tsetung, las masas eran todo y estaban por encima de cualquier consideración. “No hay ni salvadores ni Dios, todo depende exclusivamente de nosotros. ¿Quién crea el mundo de los hombres?. Son las masas laboriosas” (54).

El endiosamiento del jefe, es una concepción idealista y burguesa de la historia. Es en esencia el desprecio a las masas populares y hace del partido una institución política de carácter privado, cuyo destino está ligado, no la lucha social y al rol histórico de las clases, sino a la decisión vanidosa del jefe. Esta concepción del partido es una tergiversación del concepto materialista de la historia y vulnera la teoría marxista respecto a la organización del partido político de los trabajadores. La diferencia entre un partido burgués y una organización revolucionaria, radica no solo en sus objetivos estratégicos de clase, sino también en el sistema de organización y dirección partidaria. Los partidos burgueses funcionan con “jefes” burocráticos y caudillos que actúan como propietarios y gerentes donde ellos deciden la suerte y el destino político de la organización. Son eternos en el cargo y ninguna regla interna les afecta. Tienen derecho al veto y no responden a ninguna autoridad o regla partidaria. Incluso, muertos o en prisión siguen siendo “los jefes del partido”. Así se pudo constatar en 1992 cuando Gonzalo fue apresado por la policía. Desde prisión siguió decidiendo por cuenta propia el destino de la revolución y del partido.

Una de las características de las organizaciones políticas de la burguesía, ya sea en los países ricos o pobres, es que en ellas no existe la democrática interna. Sus jefes y dirigentes adquieren poderes ilimitados, y se sirven de la organización para conseguir ventajas personales o de grupo. Por mencionar un ejemplo, Víctor Raúl Haya de la Torre, fundó en 1924 el Partido Aprista (APRA), y fue “jefe” de esa organización durante 55 años hasta el último día de sus existencia en 1979 cuando falleció a los 84 años. El jefe del APRA era poderoso y no tenía contrincantes ni opositores en su organización donde le rendían culto. Quien se le ponía al frente era masacrado o muerto por los “búfalos” apristas o simplemente era expulsado. Bajo la consigna de “Fe, Unión, Disciplina y Acción” reinaba el “maestro” Haya de la Torre. Todos en el partido le expresaban su adoración como si se tratara de una divinidad egipcia. La militancia aprista lo convirtió en icono de sus esperanzas, y esperaban que él se pusiera al frente de la “unidad latinoamericana”. El culto a este individuo no tenía ningún asidero político razonable y coherente, en tanto Haya de la Torre, fue durante toda su carrera política un aliado de los grupos de poder y del imperialismo americano. Jamás hizo algo positivo para el pueblo peruano. El “jefe” del APRA instituyó el “día de la fraternidad” y ello significa que cada 22 de febrero (aniversario del “jefe”), este partido convoca al “Mitin de la Fraternidad”. Ahí en medio del estrado, Haya de la Torre blandía un pañuelo blanco, mientras miles de seguidores apristas le rendían homenaje como si fuera un dios. Hasta ahora, como se podrá leer en un poema aprista que aquí mismo reproducimos, el fundador del Apra ha logrado la eternidad entre sus seguidores, quienes con el corazón en la mano piden su reencarnación y pronto regreso a la vida terrenal.

Oh Víctor Raúl!
Tu que naciste predestinado
Tu que nutriste la mente….
Oh Víctor Raúl!
Como haces falta no te alejes más
Encárnate en otro hombre
Tu que fuiste hombre símbolo…(55).

Con Abimael Guzmán busca la figuración histórica, el halago, el reconocimiento, la entronización política, y que la militancia le jure fidelidad. Sin antes considerar la sentencia de la historia social, ubica su nombre al mismo nivel de los más grandes jefes de la lucha por el socialismo. Así añade al discurso partidario la formula “marxismo-leninismo-maoísmo, pensamiento Gonzalo”. Su ambición va mas lejos y no tiene reparos para sobreponerse a los creadores de la ciencia marxista, señalando que su pensamiento Gonzalo “es principal” en tanto “verdad universal especificada a la realidad concreta de la sociedad peruana” (56). Gonzalo y su particular forma de aplicar el marxismo, no proviene del ejemplo de los jefes históricos del proletariado internacional, que a diferencia de Abimael Guzmán no pretendieron convertir sus ideas y pensamiento en verdades absolutas o en doctrinas definitivas y cerradas.

Una característica del espíritu y conducta los más destacados representantes del socialismo científico, ha sido la humildad para presentar sus ideas y obras políticas. Carlos Marx, hasta antes de su muerte en marzo de 1883 rechazaba que la grandiosa doctrina filosófica, social y política, creada por él llevara su nombre bajo el titulo de “marxismo” en la medida como decía “evocara un sistema definitivo y cerrado” (57). Fue Engels, el que después de la muerte de Marx, admitiría, que la fabulosa obra de Max se denomine marxismo. Engels para tomar esta decisión señala que sin Marx, “la teoría estaría bien lejos de ser lo que es ahora. Entonces es justo que esta teoría lleve su nombre”. Así de esta manera surge el término del marxismo, no por criterios egocéntricos y de figuración del mismo Marx, sino más bien, en reconocimiento merecido a la gigantesca obra del fundador del socialismo científico (58). El mismo Mao, hablando casi con reproche de la publicidad que se hacia de las citas extraídas de sus obras política y recopiladas en el libro rojo editado por Lin Piao antes de que se pasará a la orilla de la contrarrevolución china, decía que nunca pensó que ese pequeño libro tuviera un ‘efecto mágico”, y que ello le hacia pensar a la fabula de la “Abuela Wang, que todo el tiempo alababa la dulzura de sus melones que vendía” (59). Mao, se opuso a la teoría de los grandes genios y de los jefes indiscutidos. En 1971, cuando aun se desarrollaba la Revolución Cultural, criticó con dureza el calificativo de “genio”, con que sus seguidores y el pueblo lo calificaban. “En lo que concierne al concepto de genio, yo pienso que se trata de una cuestión puramente teórica: en efecto cuando se hace alusión al genio, es a mi a quien se dirigen. Yo no soy un genio. Yo estudié las obras de Confucio durante seis años, los libros del capitalismo durante siete años, y es recién en 1918 que yo comencé a estudiar las obras marxistas-leninistas. ¿Cómo entonces pueden califícame de genio?” (60). En esta misma dirección, enfatizó que el mito del “Jefe” no existe:“Por alto que sea el puesto que ocupa, el debe quedarse en medio del pueblo como un trabajador ordinario. No tomemos poses con grandes aires; hay que liberarse del burocratismo”. Un dirigente dice él, “debe saber que sus conocimientos y su actos no forman más que una pequeña gota en el océano del conocimiento y del trabajo revolucionario”. El trabajo individual es limitado y estrecho, anota (61).

Para Mao el “individuo no es mas que un pequeño tornillo en el proceso revolucionario. El marxismo-leninismo nos enseña que todo el poder y los éxitos provienen del poder colectivo, ningún individuo puede separarse de una colectividad. Si comprendemos realmente la participación y la relación mutua de las masas y el individuo en la historia, entonces seremos modestos” (62). Pero Mao va más lejos y anota que para que la revolución no caiga en manos de la burguesía, no basta asegurar una justa línea política, sino también la formación de cuadros y dirigentes capaces de dar continuidad a la revolución proletaria. “Esto es de vida o muerte para nuestro partido y por nuestro país”, dice Mao. ¿Cuales son las cualidades que deben tener los cuadros y dirigentes que sucederán a los actuales dirigentes de la revolución china?, pregunta Mao en 1964. Su respuesta es contundente, y entre las cualidades que él anota que debía tener un jefe, destaca que éste debe ser “modesto y cuidarse de ser arrogante”, además estar imbuido de un espíritu autocrático (63).

VERDAD UNIVERSAL Y PENSAMIENTO PURO

El pensamiento guía al comienzo o el pensamiento Gonzalo después, viene a ser algo como el sujeto universal (de pensamiento puro) propuesto por Hegel, donde el pensamiento deja de ser real para convertirse en una categoría filosófica que resume todo el conocimiento científico de la humanidad. El pensamiento Gonzalo es también algo parecido al pensamiento puro de Kant donde la virtud y la sabiduría humana corresponden al “comportamiento de ese “hombre divino que llevamos en nosotros” (64). Es algo así como la “verdad extrahumana” que Lenin en su tiempo calificó de interpretación “mística idealista y religiosa”. Con Gonzalo el pensamiento sale de la conceptualización gramatical de la acción de pensar, para convertirse en una categoría doctrinal que de un salto alcanza el mismo nivel del marxismo. De esta manera el “Marxismo-leninismo-maoísmo, pensamiento Gonzalo, principalmente pensamiento Gonzalo”, como lo califica Abimael Guzmán, se convierte en un fenómeno que gira, no en torno de la ciencia y práctica histórica del marxismo, sino alrededor del pensamiento puro y casi sagrado de Gonzalo. Aquí hay un poco de aquella “concepción religiosa de la historia”, que en su tiempo Engels criticaba al filosofo Max Stirner, que “presentaba todo el proceso histórico como una simple historia de caballeros”, y que veía al hombre religioso como el “prohombre de quien arranca toda la historia” (65). Así, el pensamiento propiamente dicho, que tiene que ver con pensar y que se adjudica a todo aquel que piensa y reflexiona, se transforma en el caso de Gonzalo en la “ideología especifica y principal” para los comunistas peruanos. El hombre más simple piensa y al margen de la calidad de sus reflexiones tiene su pensamiento adquirido a través de la experiencia directa o a través de la enseñanza teórica. Se puede usar el término “pensamiento” para indicar un conjunto de ideas propias o colectivas, pero éstas de por si no constituyen una continuación lineal de una doctrina especifica.

El pensamiento Gonzalo que se toma como la “aplicación magistral de la “verdad universal”, transforma la teoría política en algo mecánico que castra en la militancia partidaria la comprensión crítico-materialista de la práctica social y política. El cuadro, dirigente o simplemente militante del partido recibe la “verdad universal” directa de Gonzalo y no tiene que buscarla en ninguna obra clásica del marxismo. Si Gonzalo era magistral en el análisis y en la síntesis del marxismo, decía el militante del PCP para qué buscar la verdad fuera del partido y de los discursos del venerado jefe. Así la “verdad universal” (marxismo-leninismo-maoísmo, pensamiento Gonzalo), de la que habla Gonzalo deja de ser “aplicación magistral del marxismo”, para convertirse en un sistema de pensamiento único y absoluto. En este contexto partidario, lo que dice y haga Gonzalo, es ley que se cumple sin discusión. De esta manera el militante pierde su conciencia crítica y asume un conocimiento pasivo y subjetivo en relación exclusiva con la acción política del jefe. Bajo la premisa de que todo proceso de lucha de clases genera su pensamiento revolucionario, se establece al interior del Partido Comunista del Perú (PCP), una relación de supremacía en la cual Gonzalo establece su dominación. Guzmán no tiene sustituto y su decisión es la última palabra en el partido. Nadie salvo él podía escribir, disertar, dar entrevistas, y hablar de la política peruana o del campo internacional. En este terreno abonado por la “sujeción plena e incondicional”, Gonzalo resume no solo la “verdad universal”, sino también toda la sabiduría humana con la que se podía contar para concretar la paz o la guerra en un proceso de lucha social.

castración del espíritu
CRÍTICO EN EL PARTIDO

Una prueba de castración del espíritu critico del militante del PCP, se expresa con dramática claridad cuando Gonzalo traiciona y arrastra tras sus posiciones políticas al 100% de los dirigentes de este partido, incluido los que aún estaban libres. En octubre de 1993 Gonzalo desde la prisión redacta las “cartas de paz, con el apoyo del gobierno y los servicios secretos del Estado, difunde estas misivas como si se tratara de una “directiva” del PCP. Los que seguían desarrollando la lucha armada no supieron adoptar una posición clara y firme frente a esta situación. Esas “cartas de paz” de naturaleza reaccionaria, no encontraron una respuesta doctrinaria al interior del Partido Comunista del Perú (PCP), y ello mostró el aspecto sumiso y seguidista de la militancia de este partido. Los dirigentes de este partido que aún se encontraban libres y que habían asumido cargos de dirección, se pronunciaron en defensa del proceso armado, rechazaron las cartas de paz calificadas de patraña policial, pero encontraron serias dificultades para resolver la verdadera naturaleza ideológica de estas cartas. En un grave error, cuyo costo seria la derrota del proceso armado, siguieron considerando a Gonzalo y otros miembros del comité central en prisión como dirigentes activos del partido, que incluso tenían autoridad para negociar la revolución en la que ellos ya no participaban directamente. Por ello resultó sumamente grave, que los dirigentes del PCP que desde 1992 se encontraban dirigiendo la lucha armada, seguían afirmando públicamente su veneración y “sujeción plena e incondicional al presidente Gonzalo”. Decían en textos y documentos que Gonzalo seguía siendo “el jefe del Partido y la revolución”. Hubo incluso dirigentes que al momento de ser detenidos por la policía lanzaron la consigna de seguir la lucha armada y rechazar el acuerdo de paz, pero una vez en los cuarteles del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) se confrontaron a Gonzalo en persona y acabaron dando vivas al acuerdo de paz y a una negociación con el régimen peruano. Con ello quedó claro que los seguidores de Gonzalo, se asemejaban mas a fieles activistas de una secta religiosa que a verdaderos militantes comunistas, formados en el espíritu critico, dialéctico, y sobre todo reflexivo frente a la realidad objetiva. Existe en el movimiento comunista internacional, una norma que se practica desde las épocas más remotas de la lucha social, mediante la cual un militante, cuadro, dirigente o jefe de un partido revolucionario que cae en manos de las fuerzas represivas, queda excluido de cualquier responsabilidad de dirección partidaria. Mismo en los ejércitos burgueses cuando un alto oficial cae en manos de sus enemigos, inmediatamente es reemplazado por otro jefe militar.Las fallas, los errores y desviaciones en las revoluciones se ven con mayor nitidez en los momentos más críticos de dicho proceso. Muchas veces, el ritmo de las acciones y la intensidad de la lucha de clases, dificultan ver la trayectoria vital, teórica y practica de este proceso. La teoría enseña, por lo menos eso se admite en los textos marxistas, que ver solamente lo inmediato, lo cotidiano, constituye un grave error y una violación del carácter fundamental de la objetividad política. En Perú mientras la lucha armada se desarrollaba vertiginosamente, no se notaba con claridad la esencia perniciosa que se escondía tras la jefatura absoluta de Gonzalo y su pensamiento. Muchas veces, equivocadamente, se consideró que este aspecto, la fidelidad a Gonzalo (morir por el jefe y la sujeción incondicional a Gonzalo) era una de las virtudes del PCP, y en tanto ello era la parte mas sólida del movimiento armado. La practica y los hechos, mostraron que esta apreciación era errónea, y que lo que parecía la parte fuerte, resultó el lado más frágil y vulnerable del proceso armado. La parte patética” en este problema, se expresó cuando el “pensamiento Gonzalo” y la jefatura absoluta de Gonzalo, alcanzaron dimensión extramental, metafísica y dual que servia bien para la revolución bien para la contrarrevolución. Para los seguidores de las “cartas de paz”, incluido Abimael Guzmán, la negociación con Fujimori y Montesinos, se hacia en aplicación del “pensamiento Gonzalo. Pera los cuadros y dirigentes que habían asumido la dirección del proceso armado fuera de las prisiones, continuar con la lucha armada y rechazar la capitulación, se sustentaba en aplicación del “pensamiento Gonzalo”. Para estos dirigentes sus referencias ideológicas, tácticas y estratégicas, seguían proviniendo de la fidelidad al pensamiento Gonzalo, y consideraban a Guzmán no un capitulador sino más bien un héroe de la revolución.

Los comunicados editados fuera de la prisión precisaron la naturaleza contrarrevolucionaria de las cartas de paz y de la negociación con Fujimori, pero al mismo tiempo reafirmaban la “sujeción cabal e incondicional al Partido y al presidente Gonzalo”. Este problema, no encontró solución en una organización corroída por el culto al jefe, y ello en perspectiva favoreció no al grupo decidido a continuar la lucha armada, sino a aquellos que se inclinaron por la paz y la capitulación. Así por ejemplo, en un comunicado publicó de la dirección provisional del PCP, emitido pocos días después de la publicación de las “cartas de paz” (octubre 1993), se decía que la negociación y la supuesta participación de Gonzalo, era parte de la guerra de baja intensidad, y se les calificaba de “siniestra y proterva patraña”, cuyo propósito era “infamar inútilmente al Presidente Gonzalo”, y preparar el terreno para asesinarlo. En el mismo comunicado (66) se reafirmaba la “decisión inquebrantable” de dar la “vida por el Presidente Gonzalo, el Partido y la revolución”.

La sujeción incondicional a Gonzalo mostró toda su carga ideológica negativa poco tiempo después que Abimael Guzmán fuera detenido en 1992. Es historia bastante conocida, que en 1993 Gonzalo y la mayor parte del Comité Central del PCP desde la presión, se pusieron al frente de una negociación con el gobierno de Alberto Fujimori. Vladimiro Montesinos, agente de la CIA americana y jefe del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), además de asesor personal de Fujimori fue, por parte del Estado peruano, el encargado de convencer a Abimael Guzmán de la necesidad de la negociación que dejara sin efecto la lucha armada. Esta negociación desde las prisiones, causa fundamental de la derrota de la lucha armada, se sustentó como dijeron sus propios autores, en la aplicación del “pensamiento Gonzalo”. Con la negociación por la paz, dice Gonzalo en un texto redactado en la prisión, el partido “entra a una nueva etapa… inédita, no ocurrido antes en revolución habida”, y que eso se resolvía a la “luz del pensamiento Gonzalo” (67). De esta manera el pensamiento Gonzalo que sirvió para iniciar y desarrollar la lucha armada en 1980, servia a partir de 1993 en instrumento de la paz y de la capitación de sus dirigentes.

En el desarrollo mismo del proceso armado y del “pensamiento Gonzalo” el movimiento armado, así como el Partido se convierten en algo propio y personal de Abimael Guzmán, en la cual los militantes y seguidores, son en el terreno teórico político, repetidores, declamadores y vulgares copiadores del pensamiento puro del jefe. La ciencia marxista en este caso viene exclusivamente de Gonzalo, quien la entrega “magistralmente” en citas, discursos, conversaciones y frases repetitivas. Aquí ocurre algo de lo que decía Engels, que la militancia sin rebelarse contra esta “tiranía del pensamiento este aborto acabó por imponerse en su cabeza” (68). Así cuando Gonzalo, antes de caer en manos de la policía, repetía sin cesar que el dialogo con el gobierno era un trafico político contrarrevolucionario, la militancia en coro gritaba lo mismo. Pero cuando Gonzalo, en 1993 fue arrestado y confinado a una prisión militar, desde donde abogó por un dialogo de paz con el régimen de Fujimori, sin pestañar la militancia partidaria repitió sin ningún problema que el dialogo era lo mejor para el partido y la revolución. En el contexto partidario impuesto por Abimael Guzmán, el adherente al PCP deja de ser un militante comunista para convertirse simplemente en un discípulo del presidente Gonzalo. De esta manera los integrantes del partido antes de ser comunistas eran “soldados rojos de Gonzalo”, y si luchaban, sufrían o se inmolaban en la lucha revolucionaria, lo hacían antes que nada por el presidente Gonzalo a quien habían jurado fidelidad incondicional, y quien además creaba militantes a su “imagen y semejanza”. Como parte de este mismo hecho político, Gonzalo convierte su “pensamiento” en uno de los elementos de la “Base de Unidad Partidaria (BUP” alcanzando de esta forma una categoría doctrinal. Así el “pensamiento Gonzalo”, logra no solamente ubicarse al mismo nivel del conjunto de la doctrina marxista, sino que en concreto se transforma en principal y como lo dice Gonzalo en “nuestra ideología” y “punto de partida de la base de unidad partidaria” (69).

EL CAUDILLO Y LA SUJECION INCONDICIONAL

En el primer congreso realizado en 1988, Gonzalo logra que su pensamiento se instituya como parte de la estructura del partido, y con ello concluyó cualquier posibilidad de un camino independiente y marxista de esta organización. En ese evento se acuerda que el Partido Comunista del Perú se fundamenta y “guía por el marxismo-leninismo-maoísmo, principalmente maoísmo y, específicamente por el pensamiento Gonzalo como aplicación creadora de la verdad universal a las condiciones concretas de la revolución peruana hecha por el Presidente Gonzalo, jefe de nuestro Partido” (70). Este acuerdo partidario es el remate de todo el camino que había recorrido Gonzalo para imponerse como absoluto en el PCP. Junto a ello, se refuerza la “sujeción incondicional al jefe”, y se eleva a tesis política la mistificación de Gonzalo y la creencia en su dirección considerada infalible. La concepción arbitraria del pensamiento Gonzalo, que se implementa paralelo a la reconstrucción de este partido y del desarrollo de la lucha armada sobrepone el individuo por encima de la dirección colectiva, y es la negación del programa revolucionario. Un programa político es universal en el tiempo y no puede depender de la existencia de una o varias personas. Pueden pasar varias generaciones de revolucionarios antes de que ese programa se materialice y se corone con el triunfo definitivo de la clase. La historia de la lucha social muestra que no bastó una vida entera para liquidar las viejas sociedades de explotación. En la misma trayectoria histórica del marxismo es evidente que la existencia terrenal de sus autores, no fue suficiente para dar por terminada la experiencia teórica y practica en la lucha y construcción del socialismo. El programa es el instrumento ideológico-político y la base unitaria de los militantes de un partido. El concepto de programa en una organización que se reclama revolucionaria, tiene que ver con el socialismo y el comunismo, y estas premisas no pueden estar ligadas al “pensamiento” absoluto de una persona, sino más bien al conjunto de la doctrina marxista, que como decía Lenin, es “todopoderosa porque es exacta” (71). El programa sintetiza la teoría revolucionaria, y tiene relación con las clases sociales que luchan por el cambio. No puede estar limitado al jefe que surge por “necesidad y casualidad histórica” y que en la dialéctica misma de la lucha podrá o no sobrevivir como revolucionario a la culminación del proceso liberador. Hay muchos ejemplos de “jefes” traidores, y uno bastante conocido es Karl Kautsky, jefe de la Segunda Internacional Comunista (1889-1914) y uno de los grandes teóricos marxistas de su tiempo que no sobrevivió en términos políticos a las pruebas que lo sometió la lucha de clases en Europa. Lenin lo calificó como la “más destacada autoridad de la II Internacional y uno de los jefes del proletariado” (72). Durante la primera guerra mundial Kautsky traicionó, renunció al marxismo y se convirtió en aliado de las potencias imperialistas de Europa. Lenin lo acusó de renegado y de Judas de la clase obrera. Ni Carlos Marx ni Federico Engels personificaron con sus nombres el Manifiesto Comunista (1848) que fue el primer programa revolucionario del proletariado. Introducir el “pensamiento Gonzalo” y a su autor (Abimael Guzmán) en el programa se anula normas leninistas del funcionamiento interno del partido. En primer lugar se liquida el principio del centralismo democrático en la dirección del partido. En segundo lugar, se suplanta lo esencial en la lucha de dos líneas (lucha entre izquierda y derecha) y en su reemplazo se aplica una sofistería calificada hipócritamente de “lucha de dos líneas”, cuyo objetivo político no es luchar contra las corrientes adversas al marxismo, sino mas bien para consolidar la dirección absoluta del jefe e imponer su pensamiento como si fuera un catecismo religioso. Incluir el pensamiento Gonzalo en el programa convierte esta organización en un partido proletario caricaturesco. Algo así como una empresa privada que lleva el nombre y apellido del accionista principal, en cuya dirección actúan gerentes y administradores y no revolucionarios. Con ello se quiebra la estructura orgánica de dirección colectiva y se suplanta por una dirección personal de un jefe que encontró terreno fértil entre militantes y seguidores “formados a su “imagen y semejanza”. De esta manera, se establece un nexo entre el abandono del marxismo y la consolidación del pensamiento Gonzalo. Durante el desarrollo de la lucha armada se pierde lo que Lenin definió en 1907 como cuestión fundamental para la formación de un partido auténticamente revolucionario, refiriéndose al sistema del centralismo democrático cuya base ideológica es la línea política general de la revolución, el programa y los estatutos. El centralismo democrático es uno de los aportes medulares de la teoría leninista sobre la construcción del partido revolucionario. Este principio significa la existencia indisoluble entre la dirección centralizada y la práctica democrática en todos los niveles de dirección, lo que hace del partido comunista una organización colectiva, pensante, crítica y científica, alejada de cualquier tendencia caudillista y de culto a la personalidad del jefe, como si ocurre en los partidos burgueses. Para Lenin el centralismo democrático resume al sistema de dirección democrática centralizada, donde absolutamente todas las instancias orgánicas del partido están dirigidas por un centro único, cuya base ideológica-política es la ciencia marxista, y no el “pensamiento” de tal o cual jefe. Este principio como rector de la estructura orgánica del partido, se materializa específicamente en los órganos de dirección como el Congreso, el Comité Central, la comisión política, la célula y otras instancias, evitando cualquier manifestación autoridad absoluta que vulnere y desconozca precisamente este sistema de organización. Lenin, hablando en 1907 del Partido Socialdemócrata Ruso, afirma que en esta organización todos los “asuntos del Partido se llevan directamente a través de representantes, todos los miembros del Partido, en pie de igualdad y sin ninguna excepción: además todos los cargos, todos los comités directivos y todos los organismo del Partido son electivos, rinden cuenta de su gestión y se renuevan” (73).

DIRECCION ABSOLUTA Y EL FIN
DE LA CONTRADICCION

Gonzalo ha repetido sin cesar su vocación por la lucha de dos líneas al interior del PCP, pero en la práctica la negó para establecer su dirección absoluta. El pensamiento Gonzalo en su desarrollo se convierte en un elemento unilateral, sin contradicción al cual los militantes estaban obligados a sujetarse incondicionalmente. Aquí se repite un poco las reglas validas en la jerarquía militar de cualquier ejército burgués, donde el soldado obedece a su superior sin “dudas ni murmuraciones. ¿Cómo un militante podía hacer lucha de dos líneas a quien había jurado fidelidad, lealtad y “sujeción plena e incondicional?. Y a quien además consideraba, el más grande marxista viviente sobre la faz de la tierra y que era el creador de militantes a su “imagen y semejanza”. En este terreno, hacer lucha de dos líneas contra Gonzalo, era como si alguna alma en pena tuviera el coraje de enfrentarse a Dios, en cuya fantasía religiosa en el paraíso terrenal no hay derecho a la palabra, salvo para alabar al creador. En octubre de 1993, Gonzalo y su pensamiento mostraran toda su esencia antimarxista, cuando desde prisión redactó y firmó las cartas de paz. Dichas cartas, redactadas y difundidas con la participación directa del gobierno y del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), mostraron todo el alcance contrarrevolucionario del método de la “sujeción” que implementó Gonzalo en la estructura del PCP. En 1993 Gonzalo escribió un texto titulado “Asumir y Combatir por la Nueva gran Definición”, en el que pretendió dar una justificación teórica a las cartas de paz. En dicho documento, considerado por sus seguidores como “magistral”, junto con justificar su cambio de posición y expresar sus temores de que algunos en el Partido rechazaran sus arreglos secretos con Alberto Fujimori, hizo uso de la “sujeción plena e incondicional” que había instituido en el partido para someter a esta organización y a la militancia a sus planes de capitulación. Ahí en ese texto dice; “ya esta la decisión hecha tomada y ejecutada….toca al Partido definir su posición públicamente. Sabemos que pueden rechazar nuestra posición y esto implicaría graves problemas para el Partido... se impondrá. Pueden aceptarla sin comprenderla a fondo, por sujeción eso seria bueno” (74).

La “sujeción incondicional” al jefe que Gonzalo aplicó como si se tratara de un método marxista, transgredió el sistema democrático colectivo (en el sentido revolucionario no en el falso colectivismo burgués) que debe primar en todo partido que se reclame del socialismo. La existencia de la incondicionalidad respecto al jefe es en si la negación misma del partido y ello conduce inevitablemente, como se ha visto en la experiencia peruana, a que una persona suplante la organización y todos los niveles de dirección. A partir de este fenómeno, contrario al principio leninista respecto a la organización proletaria, se crea al interior del Partido un sentido idealista y de dependencia política absoluta al jefe. La incondicionalidad en la estructura de dirección partidaria, crea un militante inculto, dogmático y sectario que podría ser capaz de grandes proezas en la lucha, pero que es incapaz de distinguir el día de la noche, o discernir correctamente por su propia cuenta en torno a un problema político simple. En esta situación el jefe se convierte en creador supremo y en el único que puede comprender y aplicar “creadoramente” la ciencia marxista y no hay nadie como él para entender los fenómenos políticos sociales del país. Este intermediario entre el marxismo y los militantes deviene insustituible y eterno.

En política la “incondicionalidad” como práctica en el seno de un partido es servilismo, sin restricción alguna y ello conlleva inevitablemente a la tiranía del jefe. Como lo especifica la semántica el término significa ser adepto a una persona o idea. La incondicionalidad, aplicada como conducta partidaria, castra el espíritu crítico del militante, y es contrapuesta, al criterio científico y racional que debe tener todo aquel que se considere un militante comunista. Es cierto, así lo confirma la experiencia de la lucha social, en ciertas condiciones históricas políticas un jefe revolucionario se sitúa en los rangos más altos de la lucha social y se gana el aprecio, el cariño y la admiración de los militantes y el pueblo. Pero este fenómeno ligado a la lucha de clases y al papel del individuo en la lucha social, no puede servir para liquidar la estructura política de un partido revolucionario, cuya esencia es como decía Lenin, “una colectividad viva creadora”. O como decía Mao Tsetung que en el partido había que asegurar la “dirección colectiva e impedir que una sola persona tomara la conducción del trabajo”(75).

La práctica de exigir al militante fidelidad y “sujeción plena e incondicional” hacia el jefe, no proviene del marxismo. En ningún texto escrito por Carlos Marx, Federico Engels, Lenin y otros, se hace alusión a algo parecido a la “sujeción” del militante hacia los jefes del Partido. Los fundadores del socialismo científico, siempre fueron opuestos al culto a la autoridad del jefe. Ellos fueron contrarios a toda conducta y manifestación que ubicara a los dirigentes y jefes por encima del sistema de dirección colectiva de la organización política. Para Marx, el “gran hombre solo actúa en función de ciertos datos históricos” y declaraba en 1877 que si él y Engels, habían aceptado los cargos de dirección de la Liga de los Comunistas era bajo la condición de que “fuese retirado de los estatutos todo lo que pudiera favorecer el culto de la autoridad” de los jefes. Para José Carlos Mariátgui, lo fundamental en la conducta del militante comunista es su compromiso con el proceso revolucionario, y respecto a esto anotaba en 1924, que: “Una vez puesta en marcha una revolución no se detiene. Tiene que llegar al termino de su trayectoria, si es necesario contra sus propios jefes de la primera hora” (76). Para Lenin la cuestión clave en toda organización revolucionaria era asumir el Partido en tanto expresión colectiva histórica de una vanguardia organizada. En la discusión que impulsó en el seno de los marxistas rusos para saber quién o quiénes podían ser militantes del Partido, él exige, no una sujeción a su jefatura, sino más bien una plena aceptación del programa, los estatutos y otras consideraciones que nada tenían que ver ni con la jefatura ni con ningún tipo de pensamiento guía (77). Así mismo, Lenin, se opuso a cualquier manifestación que hiciera de los jefes revolucionarios, personalidades inalcanzables para las masas y que transgredieran los términos organizativos de la organización política de los trabajadores. Durante toda su trayectoria al frente de los bolcheviques rusos, nunca intentó incluir su monumental obra teórica (su pensamiento marxista) en los estatutos o programa del partido.

No hubo mejores defensores de la dirección colectiva en las organizaciones de lucha por el socialismo que Marx y Engel .Se opusieron con tenacidad a todo culto a la persona y a los dirigentes. Marx en una carta a Guillermo Bloss (1877), se refiere a la popularidad que ellos habían alcanzado entre los obreros alemanes. Señala que tanto él como Engels, daban “un penique por la popularidad”. Para probar su repudio a toda expresión de culto al individuo anota que: “por repugnancia a todo culto a la personalidad yo, durante la existencia de la Internacional, nunca permitía que dieran a la publicidad los numerosos mensajes que llegan haciendo alusión a mis méritos…incluso nunca los respondía”. En la misma carta

Marx señala que la “afiliación, mía y de Engels, a la sociedad secreta de los comunistas se realizó sólo bajo la condición de que se eliminaría de los Estatutos todo lo que contribuía a la postración supersticiosa ante la autoridad…”(78). Por su parte Federico Engels, en una carta enviada a F. Mehring (1893) en la que comenta el contenido de un libro de filosofía escrito por este último (La leyenda sobre Lessing) en cuyo texto el autor (Mehring) hace referencia al enorme trabajo filosófico de su interlocutor. Engels, gentilmente rechaza los méritos que se le atribuye en dicha obra filosófica, y dice que si “algo tengo que objetar, es contra el que usted me atribuya más méritos de los que en realidad me pertenecen”. Para ello hace alusión a los 40 años que trabajo con Marx, y que a la muerte de este gran hombre, “a su compañero de menor talla’ (habla de él), “se le suele encomiar más méritos de lo que merece. Creo que este es mi caso. La historia terminará por poner las cosas en su sitio, pero para entonces ya me habré muerto tranquilamente y no sabré nada de nada”(79).

Para Lenin en el partido y en la revolución no había dirigentes ni jefes insustituibles. Reconocía que los procesos sociales “sacaban a la luz grandes hombres y hacían florecer talentos que, hasta entonces, parecían imposibles". Pero adjuntaba que esos “grandes talentos al desaparecer”, eran reemplazados por otros grupos de hombres que continuaban su obra (80). Según el gran revolucionareio Ruso, los jefes eran los más destacados cuadros del partido, y sobre ello dice: “los partidos políticos están dirigidos, por regla general, por grupos más o menos estables, integrados por las personas más prestigiosas, influyentes y expertas, elegidas para los cargos de mayor responsabilidad y llamadas jefes” (81). Pero el mismo tiempo Lenin afirma que “la iniciativa histórica de las masas” se sobrepone a la importancia de los jefes (82). Consideraba también que el Partido, antes de otras consideraciones, era una vanguardia colectiva, dirigida no por un jefe por muy brillante que este fuera, sino mas bien por “una docena de jefes” de talento y “preparados profesionalmente” (83). Lenin se opuso a todo seguidísimo de carácter servil al interior del partido comunista, y anotaba que ello era contrapuesto al desarrollo del partido, señalando que: “El comunista que se vanagloriase de serlo, simplemente por haber recibido conclusiones ya establecidas, sin haber realizado un trabajo muy serio, difícil y grande, sin analizar los hechos frente a los que está obligado a adoptar una actitud crítica, sería un comunista lamentable”(84).

China que podría ser la experiencia más próxima al denominado “pensamiento Gonzalo” no registra algo semejante. En 1969, una etapa bastante posterior al triunfo de la revolución china, se instituyó el “pensamiento Mao Tsetung”, pero ello no sirvió para violar y liquidar el criterio marxista de la organización comunista. Para Mao, como señala Alain Bouc (85) el mito del jefe no existe. El se puso en contra de los “ideólogos de escritorio” y de los “doctrinarios de salón”. Mao nunca se separó ni dejó de escuchar a las masas populares. En la heroica larga marcha estuvo al frente de los soldados y de los campesinos. Ya en el poder, no se apoltronó en el palacio de gobierno, pasaba la mitad del tiempo en el campo, en las fábricas, y ahí donde el pueblo lo requería. Mao Tsetung, a quien tanto se le acusa de haber fomentado y practicado el culto de la personalidad, fue contrario a que los dirigentes o jefes violen la dirección colectiva. El Partido, decía él, era una “importante institución partidaria que garantiza la dirección colectiva” y donde se debía impedir que una sola persona acapare la dirección y la gestión de los asuntos. Exigía que en todas las instancias del Partido, incluyendo el Comité Central, la célula de base y mismo en el seno del ejército rojo, se estableciera una “unidad real y no formal” entre la dirección y las bases, y que una solo persona no podía resolver los problemas importantes del partido”(86).

Mao es incontestablemente el más prestigioso ideólogo y revolucionario histórico de china. Es sobre todo el jefe que al frente de 700 millones de personas y del ejército rojo derrotó a las tropas invasoras de Japón y venció al ejército de diez millones de soldados de Chiang Kai-shek, jefe del Kuomintang, sostenido por los Estados Unidos y demás potencias occidentales. A través de la guerra revolucionaria liquidó tres mil años de opresión feudal y de servidumbre, y estableció la Republica Popular de China. El pueblo chino, liberado de una opresión milenaria, tuvo muchas razones para expresarle su inmensa gratitud, incluso que le rindiera homenaje como jamás hombre alguno merito en China. Pero sin embargo, Mao fue opuesto a toda violación del sistema de dirección democrática del Partido Comunista de China. Fue agudo crítico de aquellos dirigentes que ven por encima del hombro a las masas, y que creen que han logrado acumular infaliblemente todo el saber humano. En una ocasión anotó, que un “cuadro debe quedarse como un hombre del pueblo”. Al triunfo de la revolución china, hizo prohibir que se celebre el aniversario de los jefes, y que se nombrara las plazas, calles, avenidas y fábricas con el nombre de los dirigentes del partido (87). Mao no acepta que se use el poder para minimizar la sabiduría del pueblo y menos para despreciarlas y no tomarlas en cuenta. “Por alto que sea la posición que uno ocupe, hay que quedarse en el centro del pueblo como un trabajador ordinario. No hay que adoptar poses de grandes señores…Los dirigentes deben saber que sus conocimientos y sus actos no son mas que una pequeña gota de agua en el océano del conocimiento y del trabajo revolucionario…Un individuo no es mas que un pequeño tornillo en el proceso revolucionario. El marxismo-leninismo nos enseña: todos los triunfos vienen del poder colectivo de las masas, ningún individuo puede separarse de la colectividad…Si comprendemos realmente el papel que cumplen las masas y el individuo en la historia, y su relación mutua, entonces seremos mas modestos” (88). Según el testimonio que presenta Alain Bouc, la modestia de los jefes y el respecto a las masas, fue una conducta que guió a Mao desde el comienzo de su carrera política hasta el fin de ella. Señala este escritor que si bien es cierto que Mao aceptó en cierta medida el uso político de su grandiosa personalidad durante la Revolución Cultural, lo hizo como medio táctico en la lucha contra la derecha china encabezada por Liu Shaoshi, Lin Piao, Tenh Sia Pin y otros, que desde el interior del partido y del Estado complotaban para liquidar el proceso socialista. Incluso lanzo duras críticas sobre el uso exagerado del Libro Rojo, que como se sabe fue editado y promocionado por Lin Piao, ministro de defensa en esa época quien se había declarado heredero de Mao Tsetung.







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