MARTÍ Y FIDEL EN EL CÓDIGO DE
ÉTICA DE LOS EDUCADORES CUBANOS
Por: Dra. Cs. Nancy Chacón
Arteaga (*)
“En la sociedad no solo cada
clase, sino incluso, cada profesión tiene su propia moral” F. Engels
Introducción
El trabajo aborda la importancia
que tiene en la sociedad cubana la formación ético moral de los profesionales
de la educación, proceso que expresa la continuidad que en el pensamiento
revolucionario cubano han tenido la ética, la moral y los valores en el ámbito
de la educación y la pedagogía, desde las posiciones de identidad nacional,
patriótica y cultural, sustentado en los ideales de independencia y soberanía,
justicia social, unidad nacional, dignidad y solidaridad humana.
En el mismo se destacan aspectos
a tener en cuenta acerca de la ética y profesionalidad pedagógica del educador,
dada las exigencias sociales de su función social, lo cual se expresa en el
Deber Ser de la profesión con un carácter ideológico, tomándose los principios
de la moral de la sociedad socialista cubana, como elementos aglutinadores del
código (principios, normas, valores, representaciones del bien y el mal en el
trabajo pedagógico), asociándolos a los aportes del pensamiento de José Martí y
en su continuidad histórica de Fidel Castro, como orientadores de la
significación e importancia del papel de la personalidad del educador en su
trabajo y en la sociedad.
Son trabajados los textos del
Ideario Pedagógico de José Martí y de los discursos de Fidel Castro el 7 de
julio de 1981 en la graduación del IX Contingente de profesores Manuel Ascunce
Doménech y de los pronunciados a partir del 2000 en el contexto de la Batalla
de Ideas y de la 3ra Revolución Educacional, con las transformaciones llevadas
a cabo en la Universalización de la Educación Superior, en la Educación
General, con la introducción masiva de las nuevas tecnologías para la educación
integral.
Desarrollo
El sistema moral de la sociedad
socialista de la Revolución cubana es la fuente de la moral profesional de los
maestros cubanos y del Código de ética de la profesión. En Cuba la Ética en
general y la Ética Profesional en particular, tiene sus raíces en los aportes
del pensamiento ético de la liberación nacional del S. XIX (Chávez A. 1984),
cuyos fundamentos filosóficos, éticos, políticos jurídicos y educativos,
sintetizan las ideas más progresistas del pensamiento social universal a la luz
de las condiciones y perspectivas de la realidad cubana en el contexto del
proceso de forja de la identidad nacional, patriótica y cultural, representado
entre otros ilustres pensadores y próceres independentistas cubanos por Félix
Varela (1788 – 1853), José de la Luz y Caballero (1800 – 1862), Carlos M. de
Céspedes (1819 – 1874), Rafael M. Mendive (1821 – 1826), Antonio Maceo (1845 –
1896), Enrique J. Varona (1849 – 1933) y su máximo exponente José Martí (1853 –
1895),
Los que expresaron los ideales
morales del patriotismo, la independencia, la soberanía nacional, la justicia
social, la unidad nacional y la dignidad humana, entre otros, valores de la
identidad nacional y cultural que lideraron nuestras luchas independentistas.
Con los inicios del S. XX y de la
naciente República neocolonial, la continuidad histórica de este pensamiento
ético revolucionario y sus ideales, se manifiestan en la Ética de la liberación
social, como expresión del proceso gradual de articulación del pensamiento
cubano revolucionario de avanzada con las ideas marxistas - leninistas en
función de la lucha por la realización de los ideales morales, políticos y
sociales, del patriotismo, la independencia y soberanía nacional y la justicia
social, enarbolados desde el pasado siglo XIX; dentro de sus representantes se
destacan la generación de la Revolución del 30, Rubén Martínez Villena , Julio
A. Mella, Juan Marinello, Raúl Roa y como máximo exponente dentro de la
Generación del Centenario Fidel Castro Ruz, quien surgía como líder
indiscutible del proceso revolucionario victorioso en enero de 1959.
En el enriquecimiento,
fortalecimiento y consolidación de esta ideología revolucionaria martiana y
marxista – leninista, son decisivos los aportes del Che Guevara (1928 – 1967) y
de Fidel Castro al pensamiento ético cubano, desde la concepción y la práctica
de la construcción de una nueva moral, la socialista, con la perspectiva
histórica y cultural de la realidad de los pueblos latinoamericanos y del
tercer mundo, desde posiciones antiimperialistas, solidaria e
internacionalista, los que constituyen principios morales distintivos de la
Ética de la Revolución y son los fundamentos que nutren la obra revolucionaria
de la educación y de la Pedagogía cubana durante estas cinco décadas.
La Ética profesional de los
educadores o Ética Pedagógica, es una concepción que integra los conocimientos
teóricos, prácticos y normativos sobre los principios, normas y valores morales
del deber ser del educador, ante las exigencias de su función y la
responsabilidad contraída ante la sociedad, todo lo cual se pone de manifiesto
en su profesionalidad que se concreta en sus desempeños y modos de actuación.
Mientras que la moral pedagógica,
es el conjunto de principios, normas, valores, representaciones sobre el bien y
el mal del trabajo pedagógico, que orientan, valoran, educan y regulan a nivel
de la conciencia moral del profesional la elección de su conducta personal o colectiva
en su labor, por lo que la moral de la profesión penetra y está presente en
todo el quehacer de los educadores.
En tal sentido la moral personal
y profesional se integran en una sola, no debe haber doble moral, o una moral
diferente para cada contexto o circunstancia, el prestigio y la autoridad moral
del educador radica en su ejemplaridad manifestada en su actitud ante la vida.
En la concepción ética de la profesionalidad pedagógica se integran los
componentes ideológico, de los valores y de la ética de la profesión, con los
conocimientos y preparación pedagógica, científico y cultural del educador, que
se concretan en el trabajo diario como muestra de su desempeño profesional y de
sus modos de actuación, escenario donde verdaderamente se fragua la
profesionalidad como resultado de la integración de la teoría con la práctica.
La importancia de la moral en el
trabajo pedagógico radica en que la misma está presente en la amplia red de
interacción social como parte del sistema de influencias sociales y hacia el
interior de la institución educacional, ya sea como parte de la moralidad de
las propias personas que intervienen en este proceso (maestros, educandos,
familia, directivos, personal de apoyo, etc), así como de los contenidos de la
enseñanza y de los objetivos formativos, donde la educación moral y en valores
se ubica en el centro de la educación integral.
El maestro debe tener una
concepción ético moral de su profesión, que abarca dos aristas importantes la
primera, en cuanto a la normatividad de su conducta, de cuál debe ser su
comportamiento e imagen como profesional de la educación, la segunda unida a lo
anterior, radica en su preparación pedagógica de cómo contribuir a la educación
integral en sus estudiantes en cuyo centro está la formación ético moral
ciudadana y de los valores humanos.
Cuando el educador es capaz de
incorporar a su personalidad, a su forma de ser, una concepción ética de su
moralidad y la tiene presente en su labor para la educación de sus alumnos e
influenciar positivamente en su colectivo y con todos con quienes interactúa,
podemos decir que la ética ha trascendido su papel normativo más externo de la
conducta, para transformarse en una exigencia interna (convicción), que emplea
conscientemente como un valioso instrumento de carácter ideológico, movilizador
e integrador de los conocimientos y de su actividad pedagógica.
Por ello en la Ética, la moral y
los valores de la profesión, la ideología de la Revolución constituye el eje
integrador del humanismo socialista como principio esencial de la formación de
los maestros cubanos.
“Ideología es ante todo conciencia; conciencia es actitud de lucha
frente a todo lo mal hecho, frente a las debilidades, privilegios, las
inmoralidades. La lucha ideológica ocupa hoy para todos los revolucionarios, la
primera línea de combate, la primera trinchera revolucionaria”.
Fidel Castro. Ideología Conciencia y Trabajo Político, la Habana 1986
Así las exigencias morales de la
profesión prescritas en un código (principios, normas y valores) o trasmitidas
en el propio trabajo, por medio de la oralidad y de experiencias profesionales
en el trabajo diario, posibilitan al maestro ubicarse, orientarse, discernir,
valorar y decidir, cómo debe actuar ante cada circunstancia, observando y
siguiendo el espíritu de las normas de la Ética profesional, porque ellas
acumulan y trasmiten un saber y experiencia acumulada de sucesivas generaciones
de educadores acerca de cómo proceder ante los conflictos más reiterados,
frecuentes o característicos en este tipo de labor con los seres humanos.
En este proceso de aprendizajes
teóricos y prácticos el trabajo pedagógico constituye la fuente y vía
fundamental , en lo que el colectivo pedagógico donde se inicia el maestro
juega un papel primordial, en la medida en que los principios, las normas y los
valores morales de la profesión, se reafirman en el plano de las relaciones y comunicación
interpersonales, el intercambio de experiencias, así como en el campo de las
actuaciones y de las formas de proceder ante los choques que se producen, sobre
todo en el cómo tratar los problemas del aprendizaje y de disciplina que suelen
presentase frecuentemente, los problemas personales de los estudiantes, entre
otras situaciones. En ocasiones es factible la consulta o toma de decisión
colegiada con otros colegas, lo cual es una práctica usual sobre todo si se
trata de profesores pocos experimentados.
Los principios éticos - morales
del educador son ideas generalizadoras sobre las exigencias y el deber ser de
la profesión, los mismos están en correspondencia con los principios morales de
la sociedad socialista cubana, en ellos se concretan los ideales, las normas y
valores de los educadores como elementos esenciales de profesionalidad
pedagógica, en este trabajo se han tenido en cuenta los aportes del pensamiento
pedagógico de José Martí y de Fidel Castro a los contenidos y significados de
estos principios que han servido de elementos rectores del código de ética de
los educadores cubanos tales como:
Principio de “Fidelidad a la causa de la patria socialista de la
Revolución cubana y del internacionalismo en la labor pedagógica”.
“El pueblo más feliz es el que
tenga mejor educado a sus hijos, en la instrucción del pensamiento, y en la
dirección de los sentimientos. Un pueblo instruido ama al trabajo y sabe sacar
provecho de él. Un pueblo virtuoso vivirá más feliz y más rico que otro lleno
de vicios y se defenderá mejor de otro ataque” ( José Martí, Educación popular,
O. C. T. 19, página 375).
“Educar es depositar en cada
hombre toda la obra humana que le ha antecedido: es hacer a cada hombre resumen
del mundo viviente, hasta el día en que vive: es ponerlo al nivel de su tiempo,
para que flote sobre él, y no dejarlo debajo de su tiempo, con lo que no podrá
salir a flote; es preparar al hombre para la vida” (José Martí. Escuela de
electricidad, O. C. T. 8, página 282).
“Cada cual se ha de poner, en la
obra del mundo, a lo que tiene más cerca, no porque lo suyo sea, por ser suyo,
superior a lo ajeno, y más fino y virtuoso, sino porque el influjo del hombre
se ejerce mejor, y más naturalmente en aquello que conoce, y de donde le viene
inmediata pena o gusto: y ese repartimiento de la labor humana, y no más, es el
verdadero e inexpugnable concepto de la patria. Levantando a la vez las partes
todas, mejor, y al fin, quedará en alto todo: y no es manera de alzar el
conjunto el negarse a ir alzando una de las partes. Patria es humanidad, es
aquella porción de la humanidad que vemos más de cerca, y en que nos tocó
nacer; ‘ y ni se ha de permitir que con el engaño del santo nombre se defienda
a monarquías inútiles, religiones ventrudas o políticas descaradas y hambronas,
ni porque a estos pecados se de a menudo el nombre de patria, ha de negarse el
hombre a menudo a cumplir su deber de humanidad, en la porción de ella que
tiene más cerca… Patria es eso. – Quien lo olvida vive flojo y muere mal, sin
apoyo ni estima de sí, y sin que los demás lo estimen: quien lo cumple goza, y
en sus años viejos siente y trasmite la fuerza de … lo ampara y rodea el pueblo
filial, con el amor más tierno y firme que es el del agradecimiento” (Martí
José “La Revista Literaria Dominicense”, O. C. T. 5. pág.468)
“En la escuela es el maestro, es
el profesor, quien concreta los lineamientos trazados por el Partido en la
medida en que sepa dar cumplimiento a los planes de estudio, programas,
indicaciones metodológicas y documentos normativos.
El Educador debe ser, además, un
activista de la política revolucionaria de nuestro Partido, un defensor de
nuestra ideología, de nuestra moral, de nuestras convicciones políticas. Debe
ser, por tanto, un ejemplo de revolucionario, comenzando por el requisito de
ser un buen profesor, un trabajador disciplinado, un profesional con espíritu
de superación, un luchador incansable contra todo lo mal hecho y un abanderado
de la exigencia”. (Castro, F. 7/ 7/1981).
“La eficiencia externa se expresa
en graduados capaces de continuar adecuadamente sus estudios, de integrarse al
proceso productivo o a los servicios con plena capacidad y conciencia de su
responsabilidad laboral y social; en su preparación científica y en su
formación ideológica; es decir, en su capacidad y en su disposición de servir a
la Patria donde sea necesario en cumplimiento de sus deberes con ella y con el
principio del internacionalismo proletario.” (Castro, F. 7/ 7/1981).
El concepto de Revolución, dado
por Fidel el 1ro de mayo del 2005, es esencia de los principios de la moral e
ideología de nuestra sociedad y es un aporte trascendental para la Ética del
educador cubano, en su fidelidad a la patria socialista en el trabajo
pedagógico para la formación de las nuevas generaciones.
Revolución
“es sentido del momento
histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad
plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos
por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas
dominantes, dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en
los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés,
altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y
realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción
profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la
verdad y las ideas.
Revolución
es unidad, es independencia, es
luchar por nuestro sueño de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base
de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo.”
Principio de la “Actitud consciente y responsable ante el trabajo
pedagógico”.
“Edúquese en el hábito de la
investigación, en el roce de los hombres y en el ejercicio constante de la
palabra, a los ciudadanos de una república que vendrá a tierra cuando falten a
sus hijos esas virtudes.” (José Martí. Bronson Alcote, el platoniano, O.C. T.
13, página 189).
“… la primera libertad, base de
todas, es la de lamente: el profesor no ha de ser un molde donde los alumnos
echan la inteligencia y el carácter, para salir con sus lobanillos y jorobas,
sino un guía honrado, que enseña de buena fe lo que hay que ver, y explica su
pro lo mismo que el de sus enemigos, para que se le fortalezca el carácter de
hombre al alumno, que es la flor que no se ha de secar en el armario de las
universidades.” (José Martí. En los Estados Unidos, O.C.T. 12, página 348).
“En las condiciones de la
revolución científico – técnica contemporánea no concebimos al maestro con
métodos artesanales del trabajo, lo concebimos como un activo investigador,
como una personalidad capaz de orientarse independientemente, como un
intelectual revolucionario que toma partido ante los problemas y plantea
soluciones desde el punto de vista de la ciencia y de nuestros intereses de
clase. Todo ello requiere de mucho estudio, de un alto nivel ideológico, de un
alto nivel de los conocimientos y del desarrollo de habilidades profesionales”.
(Castro, F. 7/ 7/1981).
“El educador no debe sentirse
nunca satisfecho con sus conocimientos. Debe ser un autodidacta que
perfecciones permanentemente su método de estudio, de indagación, de
investigación. Tiene que ser entusiasta y dedicado trabajador de la cultura. La
auto preparación es la base de la cultura del profesor.” (Castro, F. 7/ 7/1981)
“… Hay que educar en todos los
lugares en que nos encontremos. Y esa vía de educación permanente tiene que ser
el ejemplo, en la escuela, en el lugar de residencia, en las actividades
sociales, el maestro tiene que ser un ciudadano ejemplar que todos respeten y
admiren.” (Castro, F. 7/ 7/1981).
“La ejemplaridad se demuestra en
la puntualidad, disciplina, calidad de la clase, cumplimiento de las normas,
asistencia al trabajo productivo, en las relaciones con los alumnos y con los
compañeros, en su higiene personal y en la exigencia para consigo mismo y para
con los demás.” (Castro, F. 7/ 7/1981).
“La vinculación de la palabra con
la acción, de las convicciones con la conducta son la base del prestigio moral
del educador. El maestro está obligado, ante todo, a plantearse ante sí altos
requerimientos morales, ya que no se puede exigir a los demás lo que él mismo
no practica. Solo puede educar el que es ejemplo.” (Castro, F. 7/ 7/1981).
“En las escuelas secundarias
básicas e institutos preuniversitarios, se debe continuar perfeccionando el
trabajo de formación vocacional y orientación profesional para que los jóvenes
selecciones cada vez mejor sus estudios de acuerdo con sus aptitudes e
intereses personales y sociales, y en cuanto a los estudios de maestros y
profesores garantizar que…ingresen jóvenes conscientes de la significación de
esta hermosa profesión.” (Castro, F. 7/ 7/1981).
Principio del “Colectivismo pedagógico” (correlación de lo individual y
lo social en el trabajo del maestro).
“Al venir a la tierra, todo
hombre tiene el derecho a que se le eduque, y después, en pago, el deber de
contribuir a la educación de los demás.” (José Martí. “Educación popular”, O.
C. T. 19, página 375).
“La elevada formación ideológica,
científica y pedagógica, la asistencia y puntualidad, el cumplimiento de la
misión docente educativa, la participación activa en las tareas revolucionarias
y las relaciones que se establecen con los alumnos sobre la base del respeto
mutuo, son factores que posibilitan el prestigio y la autoridad que deben
caracterizar la labor diaria del maestro.
El colectivo de profesores de una
escuela tiene que servir de modelo moral para el colectivo de alumnos. La
autosuficiencia, la pedantería y la vanidad son manifestaciones de la ideología
pequeño burguesa, que nuestra juventud rechaza. Nuestros educadores tienen que
ser ejemplos de la moral del socialismo y combatir resueltamente toda
desviación que no esté acorde con los nuevos valores creados por la
Revolución.” (Castro, F. 7/ 7/1981).
“Ustedes forman parte de la nueva
generación de educadores cubanos, son los depositarios de las mejores
tradiciones del magisterio cubano. Conocer esas tradiciones es un deber
histórico, y trabajar por estar a la altura de ellas, un compromiso moral.
Hay que saber aprender de los
profesores que llevan años laborando; hay que tomar de ellos lo mejor, el
resumen de las de las mejores experiencias. Pero hay que pensar con carácter
creador, hay que tener desarrollado el espíritu autocrítico sobre su propio
trabajo.
Los maestros de más experiencia
tienen una importante misión en la formación de los más jóvenes tanto en
formación como de los recién graduados; los claustros, los colectivos docentes,
deben constituir una influencia positiva en la educación de los graduados”…
(Castro, F. 7/ 7/1981).
Principio del “Humanismo pedagógico”, principio rector de la labor
pedagógica, penetra e integra los restantes principios.
“La enseñanza, ¿quién no lo
sabe?, es ante todo una obra de infinito amor.” ( José Martí. Función de la
enseñanza”. O. C. T. 11, página 82)
“… para ser maestro de otros es
necesario saber servir.” (José Martí. “Mario Fortuna”, O.C.T. 28, página127).
“He aquí, pues, lo que han de
llevar los maestros por los campos. No sólo explicaciones agrícolas e
instrumentos mecánicos; sino la ternura, que hace tanta falta y tanto bien a
los hombres.” (José Martí. “Maestros ambulantes”, O.C.T. 8, página 289.)
“Tengo fe en el mejoramiento
humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud y en ti.” (José Martí.
“Ismaelillo”, O.C.T 16, página 18).
“La auto preparación tendrá
calidad si existe el espíritu de superación, si se es exigente consigo mismo,
si se está inconforme con los conocimientos que posee. La inquietud intelectual
de un profesor es cualidad inherente de su profesión. En la medida en que un
educador esté mejor preparado, en la medida en que demuestre su saber, su
dominio de la materia, la solidez de sus conocimientos, así será respetado por
sus alumnos y despertará en ellos el interés por el estudio, por la
profundización en los conocimientos.” (Castro, F. 7/ 7/1981).
“El profesor es uno de los
principales auxiliares que tiene el Partido para la formación de la
personalidad comunista de las nuevas generaciones.
Por el carácter político de su
trabajo y en virtud de la influencia que ejerce en sus alumnos con su ejemplo
personal, del profesor se exigen determinados requisitos indispensables en su
tarea educativa. De ahí que la sociedad espere de ustedes que sean:
·
Profesores que sistemáticamente formen en sus alumnos los conceptos científicos
sobre la naturaleza y la sociedad. De hecho, profesores estudiosos, capaces de
desarrollar eficientemente los planes y programas de estudios, para los cual
deben prepararse consecuentemente, y poner especial atención a la preparación
metodológica programada.
·
Profesores organizados que contribuyan junto al director y colectivo pedagógico
al logro de una eficiente organización escolar, estrictos cumplidores de las
normas y disposiciones establecidas, y que con su ejemplo contribuyan a formar
jóvenes responsables, conscientes de sus deberes.
·
Profesores que en su labor como educadores, formen en sus alumnos hábitos de
estudios, de trabajo, de educación formal, correctas relaciones entre
compañeros sobre la base de los principios de la moral de nuestra sociedad, que
desarrollen sentimientos humanos, solidarios, de respeto a la propiedad social
y personal, que estén aptos para vivir en la sociedad que construimos y luchar
contra toda conducta indeseable.
·
Profesores con un gran espíritu de justeza y honestidad, que luchen
permanentemente por desarrollar en sus alumnos el interés pos saber, el afán
por hacerse cada vez más útiles a la colectividad, y que sus resultados
docentes pongan de manifiesto los logros que alcanzan en este sentido.
·
Profesores que destierren toda forma de manifestación de fraude académico, que
eleven el valor moral de las pruebas o exámenes y combatan el más mínimo
vestigio de conducta que desvirtúe su pureza y rectitud.
·
Profesores que trabajen en la formación comunista de nuestros educandos, que
combatan toda manifestación de individualismo, egoísmo e inmodestia y todo lo
que constituya una desviación ideológica.
·
Profesores que formen a nuestra juventud en las más puras tradiciones de la
clase obrera.
·
En fin un profesor que en su tarea diaria esté consciente de la responsabilidad
que la sociedad le ha situado al conferirle lo más preciado de ella, la joven
generación” (Castro, Fidel, 7/ 7/ 1981).
En el discurso pronunciado en el acto de graduación de las Escuelas
Emergentes de Maestros de la Enseñanza Primaria. En al Teatro «Karl Marx»,
Ciudad de La Habana, 2 de septiembre del 2002, Fidel nos revela su concepto de
Educar y de la necesidad de la formación ético y humanista de los maestros
cuando expresa:
“El mundo ha cambiado mucho en
las últimas décadas y han surgido fabulosos medios de transmitir información y
conocimientos, casi siempre usados, por razones mercantiles, en deformar y
enajenar las mentes, destruir incluso lo mejor que en niños y adultos siembran
maestros, profesores y los propios padres, que son o deben ser los primeros
educadores.
Anhelamos utilizar esos medios,
todo cuanto sea posible, como instrumentos de la ciencia y el arte de instruir
y educar. Tales medios, sin embargo, no pueden sustituir, y menos aún superar,
a la madre, al padre, al educador o la educadora.Educar es la palabra clave.
José de la Luz y Caballero, gran
filósofo cubano de la pedagogía, inscribió ese concepto con letras de oro hace
más de siglo y medio cuando señaló que no era lo mismo instruir que educar y
que educar podía sólo quien fuera un evangelio vivo.
Para mí educar es sembrar
valores, inculcar y desarrollar sentimientos, transformar a las criaturas que
vienen al mundo con imperativos de la naturaleza, muchas veces contradictorios
con las virtudes que más apreciamos, como solidaridad, desprendimiento,
valentía, fraternidad y otras.
Educar es hacer prevalecer en la
especie humana la conciencia por encima de los instintos. A veces lo expreso
con frase muy cruda: convertir el animalito en ser humano.
Los padres deben ser los primeros
que eduquen a sus hijos. Y para garantizar la educación de los niños hay que
garantizar la educación de sus padres.
Ustedes, jóvenes graduados de
Maestros Emergentes, tienen en sus manos la tarea más importante de una
sociedad humana. Las familias ponen en las manos de ustedes lo más querido, su
mayor tesoro, sus más legítimas esperanzas. La Revolución les ofrece el más
grande privilegio, la más alta responsabilidad social, la más noble y humana de
todas las tareas; pone y pondrá en sus manos todos los recursos necesarios. Del
esfuerzo individual y colectivo dependerá el máximo reconocimiento social.
La falsa creencia de que en
nuestra juventud había desaparecido la vocación de educar ha quedado destruida,
y sin que ninguno haya renunciado a un átomo de la libertad de escoger entre
otras muchas opciones dignas y nobles en la esfera de las carreras de Pedagogía
y de Humanidades y dentro de las reglas y compromisos establecidos.
Jamás se borrarán de la memoria
de ustedes la sonrisa y el cariño de los niños que van a educar, la gratitud de
sus padres y demás familiares y el reconocimiento profundo de toda la
sociedad”. (Castro, F. 7/ 7/1981).
En estos principios morales antes abordados se integran de una forma
particular los valores que conforman el deber ser de la profesión y distinguen
el desarrollo de la profesionalidad pedagógica en el desempeño y modos de
actuación de los educadores, tales como:
·
Profundo humanismo martiano y marxista, revelado en el amor a los niños y
jóvenes y adultos, en una palabra, al ser humano, concretado por medio de un
trato y comunicación afectuosa, orientadora y siempre respetuosa de la dignidad
personal de sus educandos. Creer en el crecimiento y potencialidades del
mejoramiento humano permanente.
·
Amor a la profesión, expresado en la dignidad, consideración y autoestima
profesional, honor y orgullo pedagógico, abnegación y entrega.
·
Espíritu revolucionario, transformador, creativo unido al optimismo pedagógico,
creer en las fuerzas racionales, afectivas y morales, confiar en las
potencialidades infinitas del crecimiento personal y humano.
·
Consciente cumplidor de sus deberes y responsabilidades pedagógicas, luchador
incansable por el perfeccionamiento constante y la excelencia de su trabajo.
·
Ser exigentes y a la vez que justos.
·
Saber correlacionar desde la moral y la ética los fines y los medios que
empleamos para alcanzar los objetivos de la educación.
·
Ser honestos, modestos y sencillos.
·
Saber y practicar las normas del comportamiento adecuado en cada lugar.
·
Cuidar su porte y aspecto personal como profesional, modales, vocabulario y
expresiones.
·
Portador de un prestigio moral como base de la autoridad pedagógica que solo se
alcanza ejerciendo una influencia positiva ante sus alumnos, sus colegas, la
familia y la sociedad como un todo.
·
Practicar la ética de la cooperación profesional y del trabajo cooperado, desde
la multidisciplinariedad.
A modo de conclusiones
La existencia de los códigos de
éticas de las profesiones constituyen un indicador del contradictorio progreso
moral de la sociedad, el problema no estriba en su existencia como formulación
a la luz del Deber Ser de la profesión, sino en el grado de concreción que
tiene en la moralidad practicada por el grupo de profesionales en su desempeño
profesional y en la respuesta y satisfacción a las exigencias de su función
social.
El prestigio moral del educador
en cualquiera de las esferas en que realiza esta labor, está en el grado de
madurez de su conciencia moral profesional, en el conocimiento de sus deberes y
en la entrega al cumplimiento responsable de su trabajo, en función del logro
de los objetivos de la educación, con amor, entrega, exigencia, justeza y celo
con los resultados de su preparación permanente y de la educación de sus
estudiantes.
La profesionalidad pedagógica de
los educadores se mide por el grado de integración armónica que el mismo logra
entre el desarrollo ideológico, ético y humanista de su conciencia como
educador, con los conocimientos pedagógicos y científico – tecnológico del
contenido de la enseñanza y de su acervo cultural, concretado en su desempeño y
modos de actuación para la labor educativa, lo cual incluye la relaciones
interpersonales, de la comunicación y el trato, el dominio de la didáctica y de
las actividades propias del proceso educativo en cualquier ámbito, escolar,
extra escolar, comunitario, familiar, entre otros.
La formación ético moral de los
educadores cubanos tiene una fuente teórica y práctica, que se nutre de los
aportes de las tradiciones pedagógicas y patrióticas revolucionarias cuya
expresión más elevada de pensamiento y acción la encontramos en los aportes de
José Martí en el S. XIX y de Fidel Castro, máximo exponente de la integración
del pensamiento revolucionario cubano con las ideas del Marxismo Leninismo
realizado en toda la obra de la Revolución socialista, que tiene en la
educación y la cultura las vías esenciales para la forja del hombre y la mujer
nueva de estos tiempos de resistencia, construcción, desarrollo y crecimiento
humano y social.
“Al revés de lo que pasa en el mundo palpable, en este mundo
incorpóreo, oro es lo que no se compra ni se vende. Hay pocas gentes que tienen
pura la nueva clase de moneda: a eso he venido: a descubrir el oro nuevo.”
José Martí (O. C. T. 22, pág. 83)
“…los valores éticos son esenciales, sin valores éticos no hay valores
revolucionarios.
“Yo he pensado mucho en el papel de la ética. ¿Cuál es la ética de un
revolucionario? Todo pensamiento de un revolucionario comienza por un poco de
ética, por un poco de valores que le inculcaron los padres, le inculcaron los
maestros, él no nació con esas ideas; igual que no nació hablando, alguien lo
enseñó a hablar. La influencia de la familia es también muy grande.”
Fidel Castro Ruz, 17 noviembre
2005
(*) Presidenta Centro de ética Aplicada a la Educación Universidad Pedagógica Enrique José Varona. La Habana Cuba.Profesora Honoraria Universidad Autónoma de Santo Domingo.
BIBLIOGRAFÍA BÁSICA
Castro Ruz Fidel. Fidel.
Fragmentos de los discursos publicados desde 1959 -2006 en Ética y valores
humanos. Multimedia CESOFTE, Universidad de C. Pedagógicas “Enrique J. Varona,
la Habana 2006.
Chacón Arteaga Nancy. Formación
de valores morales. PROMED. Editorial academia la Habana 1999.
--------------------- Moralidad
histórica. Valores y Juventud. Editorial Acuario, la Habana 2000.
Chacón Arteaga Nancy y
colaboradores. Dimensión ética de la Educación Cubana. Pueblo y Educación la
Habana 2006.
Martí Pérez José. Obras
Completas. Editorial C. Sociales, la Habana 1975.
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