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sábado, 29 de agosto de 2015

Wolfgang Fritz Haug : Sobre la importancia de Mariátegui para los marxistas europeos

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Sobre la importancia de Mariátegui para los marxistas europeos

Wolfgang Fritz Haug

Paulatinamente se van destacando, desde lo desconocido y lo incierto, las figuras de aquellos Primeros del lugar. Las colinas desaparecen, las montañas aún más lejanas emergen. Así la obra de José Carlos Mariátegui. Pero aquí no se trata de que con el transcurrir del tiempo – a través de innumerables actos de selección, de resonancia o de indiferencia – las figuras y las obras que sobreviven el ocaso de su época, se cristalicen para llegar a ser clásicos.

A todos los continentes, regiones, culturas tuvo el socialismo científico primero que “llegar”, después de haber sido esbozado en sus lineas generales por sus fundadores. En los lugares de su origen, en cambio, el problema del “llegar” podía pasarse por alto porque el marxismo se nutría del material de las culturas políticas respectivas. Allí donde él rebotó primero del movimiento social, como en Inglaterra, pudo atribuirse la responsabilidad de esto a debilidades subjetivas, a errores personales de los dirigentes o al aburguesamiento del movimiento obrero.
Otra cosa ocurrió ya en Rusia, el primer país de una ávida acogida de la obra principal de Marx. Al estudio de “El Capital” siguió un debate en el que se anuncia ya una serie de conflictos todavía abiertos hoy: como doctrina universal aplicada a las condiciones particulares del país, la teoría marxista dio como resultado el hecho de esperar el desarrollo burgués capitalista o incluso el de acelerarlo activamente. Al final de su vida Marx fue involucrado en este debate y conducido a vastos estudios y a la reelaboración o a los planes de reelaboración de su obra principal. Los juicios contenidos en”El Capital” sobre el desarrollo histórico los limitó ahora explícitamente al status de un “bosquejo” del desarrollo socio-económico de Europa Occidental.

Cuando Lenin cortó el Nudo Gordiano de “Realpolitik” socialdemócrata, reformismo y erudición kautskiana, y concibió la revolución rusa -no contra”El Capital” como pensaba Gramsci, pero sí contra la interpretación evolucionista y economicista de “El Capital”-, provocó en contra suya al marxismo de la II Internacional. Se le demostró la imposibilidad y el carácter no-marxista de su revolución.

Pero el hecho que una Rosa Luxemburgo se contara entre sus críticos, prohíbe imputar el conflicto solamente a la existencia de una ortodoxia senil. El conflicto fue llevado en formas que más bien ocultaban a sus actores la apuesta correspondiente en vez de dejarla aparecer explícitamente en el histórico orden del día. Ambos, tanto Rosa Luxemburgo como Lenin, hablaban el mismo lenguaje de la regularidad universal. Pero ellos vestían en ese lenguaje, como no podía ser en absoluto de otra manera, el derecho a la existencia de su respectiva revolución. Faltaba todavía una dialéctica histórica consciente de lo universal y lo específico. Y esto fue, en este caso, particularmente funesto, ya que se trataba de sociedades que no solamente estaban diferentemente “desarrolladas” sino también, y sobre todo, estaban inscritas en formas completamente diversas en el sistema imperialista mundial. Decir que Rusia era “el eslabón más débil” de este sistema, más que expresar, vela esa diferencia cualitativa de la situación -por ejemplo en comparación con la Inglaterra de aquel tiempo-. De esta manera las posiciones contrarias de Lenin y Luxemburgo estaban ambas falsificadas por la pretensión de expresar un mismo guión de una ley universal. Cada uno tenía y carecía de razón. A Luxemburgo no se le vino en mente que anunciaba en sus ideas un proyecto socialista ajustado a lo específico de Europa Occidental. Lenin, por su lado, intuía más cuando expresaba en conceptos que “su” revolución estaba acuñada por las características de un país gobernado despóticamente, que además era al mismo tiempo imperialista y dependiente y con carácter predominantemente agrario. La generalización posterior y la codificación del modelo leniniano en todo el mundo y sobre todo la transposición a Europa Occidental y a otros países de alto grado capitalista fue un error funesto de la Internacional Comunista.

Lenin llevó el estigma del “Primero” tanto positiva como negativamente. El había conducido el marxismo a su “llegada” a Rusia bajo condiciones completamente diferentes de las de Europa Occidental, que habían acuñado la formación originaria del marxismo sin que se reflexionaba esa condición.

La herencia de Lenin, herencia que hizo historia, fue convertida por Stalin en la forma de una ortodoxia ideológica de Estado con el nombre de “leninismo”. (2) Así serán condenados los otros “Primeros” que vienen después de Lenin: Mao, Tito, más tarde Castro, a llegar a ser su vez “herejes”, “aventureros”, “renegados”. Que Mao no habría sido marxista: en esto está de acuerdo el “marxista-leninista” Manfred Buhr (3) con algunos sucesores de la Escuela de Frankfurt. A Mariátegui no le hubiera ido de manera diferente si se hubieran enterado de él. (4)

Como Gramsci, Mariátegui perteneció al grupo de aquellos fundadores y precursores que, cada cual en su respectiva región, se ponían en marcha en el momento en que la pesadilla de la primera Guerra Mundial empezaba a ceder el paso al movimiento revolucionario de 1917. La Internacional Socialista había fracasado de tal manera frente a la política de guerra de las clases dominantes, que condujo al colapso de las esperanzas socialistas en las masas. Los apuntes de cárcel de Rosa Luxemburgo testimonian que la revolución leniniana impactó como un rayo. Y en verdad la revolución levantó otra vez, en todas partes del mundo, las esperanzas revolucionarias. Ese momento histórico hacía de los revolucionarios del mundo entero discípulos de Lenin. Así también de Mariátegui. Precisamente por eso, porque era un discípulo de Lenin, tenía que entrar en conflicto con el leninismo posterior a Lenin. A su manera, Mariátegui no hizo otra cosa en su país que lo que Lenin había hecho en Rusia. La cercanía es sorprendente y es aleccionador ver como justamente la cercanía se hace valer como lejanía.

Como en su tiempo en Rusia, debía tratarse en el Perú -como en los otros países del subcontinente- de relacionar la revolución antifeudal con la revolución anticapitalista y de unir el movimiento obrero con la liberación campesina y la inteligencia crítica. De forma parecida se presentaba para Gramsci la Cuestión Meridional y la Cuestión de los Intelectuales en la perspectiva de una hegemonía proletaria. Solamente que en el Perú la cuestión agraria era al mismo tiempo el problema del indio. Y además concernía a la mayor parte de la población. La figura semi-mítica del intelectual andino prehispánico, del hombre sabio del mundo de los Incas, del Amauta, dio por eso el nombre a aquella intervención, tal vez la más amplia de Mariátegui en la cultura política de su país, aquella revista que él editó desde 1926 hasta su muerte en 1930. Y el proyecto de un socialismo peruano, y a ser posible, de un socialismo continental, lo llamó Maritegui socialismo indoamericano (5). Pues lo “latino” en “latinoamericano” representaba sólo un componente: el de las ciudades y de los sucesores de los conquistadores españoles.

Casi literalmente como Buhr, refiriéndose a Mao, se hablaba en los años treinta sobre Mariátegui en el lenguaje de la Komintern que “el mariateguismo” era una mezcla de ideas que sólo tendría parecidos casuales, tangenciales con el marxismo. Evidentemente es el “mariateguismo”, como formación particular, la manera más discutible de acercarse a Mariátegui. Su obra no es otra cosa que el marxismo como llegó al Perú, si se quiere,marxismo indoamericano.

Se la invierte en su contrario directo si se toma esa obra contra toda forma de unidad y universalidad a nivel mundial. (6) “Por los caminos universales, ecuménicos, que tanto se nos reprochan“, escribe Mariátegui, “nos vamos acercando cada vez más a nosotros mismos“. La dialéctica de lo universal y lo específico puede ser estudiada aquí.

Una tergiversación en lo contrario sería completa si se opone el modo de procedimiento ideológico y cultural de Mariátegui (supuestamente unilateral) contra el presunto “árido análisis de la situación económico-social y su transformación“. (7) Pues, qué son losSiete Ensayos, la incontestable obra capital, sino un tal análisis concreto del país, sobre el cual se debía tratar primeramente.

Los Siete Ensayos siguen el método del ascenso desde las relaciones de producción hasta las relaciones superestructurales. -Comienzan con el análisis de la economía capitalista y de la clase capitalista, que a causa de su subordinada relación al capital extranjero, se le negará un papel antiimperialista firme.- El problema del indio es el problema de las relaciones de producción en el campo (en aquel entonces ampliamente precapitalistas) sobredeterminado con el problema de la dominación racial. De esto resulta el problema de la distribución de la tierra y por eso también del elemento activo en un proyecto socialista. -Siguen los análisis sobre los más importantes sectores de la reproducción del dominio burgués nacional, de las instituciones educacionales, y sobre lo religioso, que mantiene cercada u ocupada la cultura popular.- La cuestión sobre el regionalismo y el centralismo concierne a las condiciones de una unidad política plural. -En la literatura, cuya interpretación y critica ocupan en los escritos de Mariátegui un espacio sorprendente, trabaja él en el imaginario más eficaz (junto con la religión), el imaginario secular de los intelectuales, un medio que para la formación de la realidad social, para su historización y para el desarrollo de una visión hegemónica adquiere una significación decisiva.

En su tiempo fueron los Siete Ensayos primeramente análisis concreto. Para los lectores de las generaciones posteriores y mucho más para aquellos de otros continentes no tienen o no tienen más este carácter. La realidad del Perú ha cambiado profundamente. Como descripción de la realidad el libro conduciría al camino equivocado de un falso imaginario. Para el Perú el análisis debe ser continuado. En otros lugares donde no hay indios, se lee el libro con una imagen romántica de éstos, con la imagen del “salvaje noble” en la mente. Los estudios de Mariátegui, si no se les quiere cambiar su sentido en su contrario, deben ser leídos siempre historizándolos y como inspiración metodológica. Ellos desarrollan sus frutos si uno se deja motivar por ellos, para hacer algo análogo en su propio tiempo y en su propio lugar: el de emprender intentos concretos de interpretación en la perspectiva de la llegada siempre nueva del marxismo en la correspondiente realidad.

Cuando Mariátegui forjó su fórmula de un “socialismo indoamericano” no era ésta ningún encierre en una forma particular, ningún cierre aislador, sino todo lo contrario, significaba la realidad alcanzable de lo universal y al mismo tiempo el mejor punto de partida para un internacionalismo solidario. La relación de Mariátegui con Europa había sido unilateral. El había tomado, sin habérsele exigido a dar algo. Hoy nos lo devuelve multiplicado. Nosotros, marxistas europeos, podemos aprender, dentro de una nueva evidencia, que nuestro mundo no es el universo, sino sólo -y esto no se debe menospreciar- el mundo de la izquierda europea. En tanto que aprendamos a ocupar y a llenar nuestro limitado lugar, iremos más allá de la limitación del presuntuoso universalismo que no es mejor que si él, en lugar de desde Moscú, se proyectara desde París o desde Frankfurt.

El hecho que dos pequeñas editoriales marginadas en sus países, (8) presenten, después de más de 50 años de la muerte de Mariátegui, la obra principal del “primer marxista de América” (Melis), a quién los europeos y particularmente los alemanes hasta ahora casi desconocen por completo – a no ser que hayan entrado en contacto en Latinoamérica con la cultura política e intelectual del marxismo del lugar, el hecho se explica por el fracaso de las organizaciones establecidas y de los medios de comunicación de la izquierda. Los países de regímenes comunistas reprimen hasta hoy (9) su obra, (10) como lo hacen los partidos comunistas de los países capitalistas, aliados a estos. Que los social-demócratas, contra quienes dirigió Mariátegui explícitamente su crítica, no se hayan interesado por él sorprende menos, particularmente cuando se sabe que ellos, cuando todavía aparecían como los herederos de Marx y Engels, ni siquiera hicieron accesible la herencia literaria de éstos. Comprender históricamente este doble cerrojo pertenece a los muchos pasos que hoy es necesario dar para irnos “acercando cada vez más a nosotros mismos“: Nuestro autodescubrimiento será fomentado a través del hecho que descubramos el eurocentrismo como barrera para los otros. Naturalmente no hay ninguna razón para preferir el sinocentrismo o cualquier otro centrismo. La cultura marxista mundial se realiza sin centro, en su pluralidad de centros, o bien se aferra, a su manera, en la barbarie.




NOTAS

1. Aparecido primero como epílogo a la edición alemana de los Siete Ensayos, Berlín 1986; reproducido luego en W.F.Haug, Pluraler Marxismus, vol. II, Berlin/occ. 1987. Traducido por Jorge Oshiro, revisado por José Pacheco y por el autor.

2. Cfr. Georges Labica, El Marxismo-Leninismo – Elementos de una crítica, París 1984.

3 Coeditor del Diccionario filosófico de la Alemania Oriental (RDA).

4. La reciente y casi exaltada acogida brindada a Mariátegui por por Iring Fetscher (“Un Gramsci de Latinoamérica”, en Die Zeit, no. 41, 3. 10. 1986) equivale a una implícita autocrítica, pues hasta ahora éste había encerrado el marxismo más o menos claramente en la historia europea. Como un intento de justificación aparece el final de su reseña donde Fetscher, refiriéndose a una cita de Mariátegui, en la cual éste expresa su agradecimiento a Europa, llega a la desconcertante y no poco equivoca exhortación: “Nosotros, por nuestro lado”, escribe, “deberíamos tomar Latinoamérica seriamente, como una parte de la cultura europea y con esto también tomar en serio nuestra responsabilidad europea común con ella… Aquí puede Mariátegui ayudarnos”. Mariátegui debería ayudarnos más bien a una mayor modestia para descubrir Latinoamérica como algo autónomo.

5. Más precisamente habla él también de socialismo “de América indo-latina”.
6. Angel Rama (La larga lucha de Latinoamérica, de Martí hasta Allende, Frankfurt/M 1982) desubica completamente a Mariátegui. Este no es ningún indigenista. Desde su primera fase se manifiesta en Mariátegui que el así llamado problema del indio tiene “sus causas” en las relaciones de producción y de dominio, no en las diferencias de razas u otra cosa. La clave de la cuestión constituye “el régimen de propiedad de la tierra” (Mariátegui,Siete Ensayos) Y aquí no hay entre el Escila de los gamonales, aquellos latifundistas “semifeudales” y paternalistas, y el Caribdis de “El carácter individualista de la legislación de la República”, ningún mejoramiento sin un cambio revolucionario.

7. Sinesio López, Presentación al libro Gramsci, filosofía, política, cultura de Francis Guibal, Lima 1981, p. 17.

8. Argument, Berlín (Oeste), Exodus (Suiza).
9. Es decir 1986.
10. En la RDA fue Mariátegui homenajeado en un acto solemne en honora los 80 años de su nacimiento, en 1974, en la Universidad de Rostock, por Manfred Kossok, entre otros, aunque en este país no se haya publicado hasta ahora nada suyo . Fue el esquema dominante el que prevaleció en el homenaje a Mariátegui caracterizado como Marxista-Leninista, a quién los atrazos de su país había impedido un paso completo al Marxismo-Leninismo (como afirma aproximadamente Max Zeuske). Kossok quien destaca que Mariátegui “ha abierto nuevas vias” para “elaborar y destacar el papel histórico del componente autóctono indígena” hace de Mariátegui precisamente, a trav és de esto, un anticipado testigo principal contra la idea del “Tercer Mundo” aparecido posteriormente. No contra la mera “aplicación” universal del Marxismo-Leninismo, sino contra el pensar conjunto de diferentes países bajo el concepto de “Tercer Mundo” será conducido el impulso directivo de la enseñanza de Mariátegui: “contra una nivelación del desarrollo históricamente diferente de latinoamérica, Asia y Africa – y para esto en relación con las experiencias de lucha de clases de determinados paises europeos” (Kossok). Un paralelo curioso entre Kossok y Fetscher se dibuja aquí. Cfr. A. Dassau, M. Kossok, M. Zeuske, José Carlos Mariátegui: maestro y organizador de la clase obrera peruana (Conferencias dadas para el 80 aniversario del nacimiento de Mariátegui, el 5.7.1974 en la Universidad de Rostock). Apareció en la “Zeitschrift des Zentralen Rates für Asien-, Afrika- und Lateinamerikawissenschaften in der DDR“, no. 6, pp. 958-81.








PUNTO Y APARTE 
































MARCA ASÍ PORQUE NO HAY DEMOCRACIA.











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